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#ESNOTICIA
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No es fácil, ¿eh? Mi Nata pasó momentos muy difíciles, porque, creáme, la referida blanquitud, en tiempos de la Transformación, no acaricia
00:10 jueves 23 abril, 2026
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El Doctor Patán escuchó con entusiasmo el mensaje de la compañera Natalia Suárez del Real: en Morena, partido inclusivo donde los haya, sí hay lugar para los güeros. En efecto, aunque nuestro movimiento fue concebido para reivindicar a la raza de bronce, desde los mexicas, que hacían pirámides cuando los gringos todavía cazaban búfalos a punta de tomahawk, hasta… Bueno, hasta ahorita, también fue creado de acuerdo con los principios del humanismo mexicano, que promueve el amor universal. Así que, mexicanas, mexicanos de la blanquitud: abracen a la 4T. Son bienvenidos. Es cosa de adaptarse.
No es fácil, ¿eh? Mi Nata pasó momentos muy difíciles, porque, creáme, la referida blanquitud, en tiempos de la Transformación, no acaricia. “No me creían que yo era de Morena por mi perfil”, dice en algún momento la compañera, con ese tono del que ha sobrevivido a una prueba extrema. Bueno: la entiendo y me solidarizo. Más aun, aquí su Doctor, un veterano del movimiento que también nació en el lado equivocado de Pantone, tiene algunos tips que le gustaría compartir con el güero que se decida a abrazar el progresismo.
El primero, desde luego, tiene que ver con el atuendo. Adopten el huipil, las mujeres recién llegadas, y la camisa bordada o la guayabera, los compañeros de nuevo cuño. Es un atuendo para todos los contextos. ¿Vuelo a Madrid? Camisa de hilo. ¿Presentación de un poemario de doña Beatriz? Huipil. ¿Boda? Guayabera, no importa si es de día, de noche, en la Ciudad o en Acapulco. Es un statement. Créanme: el bordado a mano te acerca dos o tres tonos al moreno total nada más ponértelo.
Otra área de oportunidad es la comida. No duden. A la primera de cambio, ¡bum!: taco callejero, tamalito, pozole, siempre con selfie para redes sociales que, obvio, incluya a la seño o el señor del puesto. En ese caso, para aprovechar que estás en exteriores, recomiendo enfáticamente un sombrero regional de paja, en los hombres. Como de diputado en concierto del Zócalo o de profe de la CNTE en toma de San Lázaro, para que se den una idea. Con la comida, claro, incluyo la bebida. El Doctor Patán lleva años en un proceso de auto descolonización que, sin embargo, no termina, y sigue enganchado a costumbres occidentales como el whisky. Algún día lograré cambiar eso. Mientras, siempre que llego a la sala VIP del Benito Juárez, la de una tarjeta de crédito, que tiene escoceses bastante, bastante buenos, hago lo mismo. A voz en cuello, pregunto: “¿Pulque no tendrá, verdad?”, sabiendo que la respuesta será, obviamente, negativa. Aquí se impone confesión: el pulque, a pesar de mi descolonización y de lo maravillosamente autóctono que es, me resulta nauseabundo. Pero, de nuevo, es un statement. Enseguida, ya en voz baja, pido un single malt, 15 años, güero pero, lo confieso, contento.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09