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Cuando la defensora se esconde detrás del cargo
00:01 lunes 12 enero, 2026
Colaboradores
Ser presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos no es un blindaje personal ni un escudo emocional. Es un encargo público. Sin embargo, en San Luis Potosí parece haberse desdibujado esa frontera básica: la crítica a la función se responde como si fuera un ataque a la persona. Giovanna Argüelles ha optado por ese camino cómodo, el de victimizarse frente al cuestionamiento ciudadano, olvidando —o ignorando— que su puesto existe precisamente para recibir reclamos, no para denunciarlos. La denuncia penal que en 2024 presentó por presuntas ofensas y discriminación no habla de agresiones físicas ni de amenazas reales. Habla de palabras incómodas, de señalamientos duros, de reclamos insistentes. Es decir, de lo que ocurre cuando las víctimas ya no encuentran canales institucionales eficaces y deciden alzar la voz donde pueden. Lo grave no es la denuncia en sí, sino el mensaje que envía: en lugar de escuchar, se judicializa la crítica. Aquí conviene recordar algo elemental que parece haberse perdido en el discurso oficial. La ombudsperson —defensor del pueblo— no es una figura decorativa ni una autoridad que se protege a sí misma. Es, por definición, una representante del ciudadano frente al poder. Su función es incomodar a las instituciones, no alinearse con ellas. Mediar, investigar, señalar abusos. No levantar carpetas cuando el reclamo toca fibras sensibles propias o intereses personales. Las críticas hacia la CEDH no nacieron en redes ni en la calle por casualidad. Vienen de expedientes estancados, de recomendaciones que no llegan, de casos emblemáticos que se diluyen con el tiempo. Feminicidios, desapariciones, personas privadas de la libertad. Lo que no se dice en los comunicados es que la omisión también violenta. Y que el silencio institucional, cuando se prolonga, termina empujando a las víctimas al hartazgo público. Ser empleada de la ciudadanía implica tolerancia, templanza y responsabilidad. No todo reclamo es elegante ni amable, pero casi todos tienen origen en una falla del sistema. Si la presidenta de la CEDH confunde la crítica a su gestión, como lo sucedido el fin de semana a la salida de un restaurante a escasos metros de donde debería estar atendiendo y trabajando, con un ataque personal, entonces el problema ya no es solo de desempeño, sino de comprensión del cargo. Porque una defensora que denuncia al pueblo rompe a su promesa y compromiso, para convertirse en otra funcionaria incómoda con la rendición de cuentas. ¡Excelente inicio de semana!