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El superpeso no es una victoria: alguien está pagando la factura
00:10 miércoles 19 agosto, 2026
Colaboradores
Hay momentos en los que una cifra parece una buena noticia hasta que uno pregunta quién está realmente ganando con ella. El dólar rondando los 17 pesos vuelve a vendernos la imagen de un México financieramente fuerte, pero detrás de ese tipo de cambio hay algo mucho menos espectacular: el peso no necesariamente está subiendo porque nuestra economía esté creciendo con mayor potencia, sino porque Estados Unidos empieza a mostrar señales de enfriamiento y los mercados están moviendo capital hacia monedas que todavía ofrecen rendimientos elevados. Dicho de otra manera, el llamado “superpeso” tiene más de fenómeno financiero que de trofeo económico nacional.
Y aquí aparece la parte incómoda para el Bajío y San Luis Potosí. Para una familia que compra productos importados, paga software extranjero o planea viajar, un dólar barato es una bocanada de aire; para una empresa que exporta autopartes, vehículos, acero o manufactura desde la Zona Industrial potosina, puede convertirse en una mordida directa al margen. Se cobra en dólares, pero buena parte de la nómina, servicios y proveedores se paga en pesos. Y mientras tanto, los importadores pueden conseguir maquinaria y tecnología más barata, generando una oportunidad que los gobiernos estatales y municipales deberían estar ayudando a convertir en inversión productiva. El problema es que seguimos celebrando el precio del dólar como si fuera política industrial. No lo es. Si SLP quiere aprovechar este ciclo, debería estar facilitando automatización, capacitación, infraestructura logística y sustitución de proveedores; si no, el beneficio cambiario simplemente se irá por la frontera junto con las importaciones.
Lo verdaderamente peligroso sería confundir estabilidad cambiaria con fortaleza estructural. Un peso fuerte puede abaratar tecnología, contener costos importados y ayudar al consumidor, pero también castiga a los exportadores y reduce el valor en moneda nacional de las remesas. Para México, y particularmente para el corredor industrial del Bajío, la pregunta no debería ser cuánto vale el dólar mañana, sino qué estamos haciendo mientras vale 17 pesos. Porque cuando el ciclo cambie —y los ciclos siempre cambian— quedará al descubierto quién aprovechó el respiro para hacerse más productivo y quién simplemente se dedicó a presumir el “superpeso”. Ahí estará la verdadera factura.
¡Hasta mañana!