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Pero el choque trasciende personalidades
00:10 miércoles 15 abril, 2026
Colaboradores
Un creciente choque entre el Papa León XIV y el presidente Donald Trump es algo más que una confrontación entre un hombre electo para representar a Cristo y uno que se compara con Cristo entre proclamas de guerra santa.
Las críticas del Pontífice a la guerra con Irán y a las acciones en el Líbano, con referencias a un "delirio de omnipotencia", irritaron a Trump, que dice haber retornado la religión a Estados Unidos y recién se acreditó por la elección de León XIV: "Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, señaló Trump.
León XIV, antes Robert Prevost, es el primer Papa católico de origen estadounidense (Chicago, 1955), y según Trump "debería estar agradecido" porque "la Iglesia lo puso allí sólo porque era estadounidense, y pensaron que esa sería la mejor manera de lidiar con el presidente Donald J. Trump". Por su parte, el Pontífice dijo: "no le temo a la administración Trump, ni a proclamar con fuerza el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí, para lo que la Iglesia está aquí".
Pero el choque trasciende personalidades. EU es un país profundamente religioso, pero es una nación con tal pluralidad que no hay un grupo mayoritario, excepto el "cristianismo" en sus diversos ritos. Pero alberga algunas que son literalmente sectas militantes, derivadas del protestantismo y favorecidas por su naturaleza descentralizada, pero con nociones raciales y políticas que las hacen afines a la extrema derecha y que incluyen nociones de protección a Israel porque es indispensable para la segunda llegada del Mesías. Y hoy, gracias a su alianza con Trump, que se adhiere a lo que algunos llaman el "Evangelio de la Prosperidad", esos grupos se encuentran en el centro de la política y la toma de decisiones en el país.
Y en parte, como resultado de la retórica nacionalista cristiana, el secretario de Guerra, Peter Hegseth, y en alguna medida el propio presidente Trump, han imbuido un carácter peculiar al conflicto, que virtualmente han presentado como una guerra santa.
Es un grupo que, por otra parte, recoge una tradición histórica de confrontación con el catolicismo, al que consideran como subordinado a intereses extranjeros. De hecho, el país tardó más de 160 años en elegir a un mandatario de esa religión (John F. Kennedy en 1960). Joe Biden fue el segundo, en 2020.
Estadísticamente, 23% de los estadounidenses son protestantes-evangélicos, otro 11% son protestantes tradicionales, de la doctrina central, 5% son protestantes de iglesias afroestadounidenses, pero 20% son católicos, un 2% judíos, 2% mormones y 26% entre ateos, agnósticos o sin creencia en particular, incluso "Deistas".
Pero ahora son los católicos los que están en el centro de la oposición a la guerra contra Irán y los operativos israelíes en el Líbano. Y de creer versiones de prensa, ya el gobierno estadounidense amenazó con hacer algo como lo que hizo Francia en el siglo XIV: secuestrar al Papado para doblegarlo a sus intereses.