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Tengo tres razones para ilusionarme, y me explico. Las primeras dos tienen que ver, justamente, con el sufrimiento ajeno
00:10 domingo 31 mayo, 2026
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Aunque evito el optimismo, porque luego, con la decepción, “más dura será la caída”, según el título de esa estupenda novela sobre el boxeo de Bud Schulberg (hay peli, nada menos que con Humphrey Bogart), no pude evitar pensarlo ayer, a la hora del vermut: “En una de esas, estoy a las puertas del mejor fin de semana de mi vida”. Fin de semana que además podría ser tal vez no el mejor, pero indudablemente sí uno de los mejores, para al menos dos buenos amigos, León Krauze y Rubén Cortés, y sabemos que la felicidad de los amigos potencia la propia casi tanto como el sufrimiento de tus adversarios. Tengo tres razones para ilusionarme, y me explico. Las primeras dos tienen que ver, justamente, con el sufrimiento ajeno, concretamente el de la chairiza. Es muy poco probable, pero imagínense que, en un doble golpe de generosidad, la vida, o el destino, o el Creador, o los dioses todos, alinean los astros de tal manera que, primero, se desploma la tiranía castrista, rematada por ese gesto precioso de la justicia norteamericana de etiquetar formalmente a Raúl Castro como lo que es, un criminal, un asesino, y, al mismo tiempo, el Cruz Azul logra derrotar a los Pumas en Ciudad Universitaria y regalarnos un campeonato a nosotros, sus sufridos, estoicos seguidores (no tan cultos como Enrique Inzunza, el amigo de Javier Corral que lee a Séneca y Marco Aurelio, pero estoicos de todas formas). Lo del final del infierno de los Castro, lo sé, es una volada. No es viable una bonita operación de fuerzas especiales, como la de Venezuela, de entrada porque ya no contamos con el factor sorpresa, y los rumores sobre un acuerdo de nuestros vecinos con la cúpula de la tiranía no son creíbles. Ni el viejo de gatillo fácil, ni la pandilla de militares corruptos que lo rodean, que son los dueños de los cinco pesos que produce la isla, tienen futuro alguno fuera de la misma, convertida en un rancho en el que muere de hambre todo mundo, salvo ellos, la casta divina en Mercedes, la que puede hacer y deshacer sin rendir media cuenta, lo que incluye asesinar a civiles en un avión, so pretexto de que son espías. Habrá que esperar a que el rancho, inviable por una razón auto infligida, el socialismo, termine de desmoronarse. ¿Y la Máquina? Me limito a citar un mensaje enviado por un amigo que no me ha dado su autorización para reproducirlo, de modo que lo dejo en el anonimato: “Hermano mío, creo que te dice todo de Cruz Azul que me parece que primero va a caer la dictadura cubana que la décima estrella”. Nada que añadir. Así que me aferro con uñas y dientes a la tercera razón de mi felicidad, que, salvo una verdadera rareza, cuajará unas horas después de escribir estas líneas: voy al concierto de su majestad, Marco Antonio Solís. Como saben ustedes, el Buki nunca le ha fallado a los mexicanos. POR JULIO PATÁN COLABORADOR @JULIOPATAN09