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Puede ser, ciertamente. Pero también que nadie, ni siquiera Estados Unidos, está exento de las leyes de gravedad
00:10 sábado 4 julio, 2026
Colaboradores
Con la decisión estadounidense de someter el Tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) y someterlo a revisiones anuales durante los próximos 10 años, pareciera que la idea de una región norteamericana topó con pared.
Puede ser, ciertamente. Pero también que nadie, ni siquiera Estados Unidos, está exento de las leyes de gravedad y que las realidades paralelas de la geopolítica y la geoeconomía obligarán a un reagrupamiento y hasta un relanzamiento del acuerdo regional.
Peor aún para el actual régimen estadounidense y una esperanza para sus vecinos, hoy en primera fila para ser afectados por actitudes de nacionalismo económico exacerbado, es la realidad de que los mandatos actuales, incluso el de revisiones anuales, puede ser y probablemente sea cambiado por el siguiente gobierno. No en aras de amistad o generosidad hacia sus vecinos, sino simplemente de supervivencia, conveniencia y convivencia social, económica y política.
En lo que es ya un mundo multipolar, donde las economías y la seguridad nacional no dependen de un sólo factor ni de la sola voluntad propia, la cercanía y colaboración entre países no solo es deseable, sino necesaria y hasta inevitable. Y eso es igual para los tres países, en diversa medida quizá, pero sin remedio.
Ninguno se puede mudar de vecindario. En ese marco, Estados Unidos es todavía y sin duda alguna el país hegemónico del mundo, pero enfrenta una creciente competencia tanto en lo económico, la influencia política y capacidades tecnológicas y militares.
Pero mantenerse en su actual sitio de predominio no depende sólo de su mercado interno ni de la forma en que puedan imponer su voluntad sobre otros, sino de asegurarse de tener cadenas de suministro que le aseguren productos agrícolas, mineros o manufacturados, que demandan su bienestar.
Y eso implica auspiciar que los tres países puedan integrar, como están en vías de hacerlo, un mercado interno regional creciente.
Claro que puede recurrir a la fórmula imperial tradicional, de imposición por la fuerza –económica o armada– y de hecho, parece haber emprendido el camino del cesarismo, pero rara vez en la historia habían coincidido, como hoy, varios países o grupos de países determinados a competir y crear sus propias esferas de influencia.
La República Popular China, la Unión Europea, Rusia, India, Irán, las naciones árabes y Brasil aspiran a crear sus propias formulaciones geopolíticas y, en algunos casos, están en vías de hacerlo, unas más o menos al amparo de alianzas cada vez menos estables con Estados Unidos y otras por cuenta propia o con el simple argumento de que no son el hegemón que en los últimos 80 años fue o el país benefactor o la nación villana de la política mundial.
Las opciones de México y Canadá, y en cierta medida las de los países centroamericanos y caribeños, están igualmente determinadas por las realidades geopolítica y geoeconómica, y una de ellas es que su seguridad, economía y bienestar están ligados con Estados Unidos. Detener la integración regional sólo irá en detrimento de todos y en términos relativos, EU es el que más tiene que perder.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1