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Javier Aguirre asumió los errores y la derrota de México, una lección de liderazgo en un país acostumbrado a buscar culpables
00:10 jueves 9 julio, 2026
Colaboradores
No quedé devastado con el resultado del partido contra Inglaterra que resultara en la eliminación de México en el Mundial. Cierto, otra vez la Selección no pasó del cuarto partido. Pero jugó ese cuarto encuentro con garra, tesón, claridad de propósito y donosura equivalentes a los de los ingleses. El equipo que aburrió en su victoria ante Sudáfrica, venció a Corea del Sur sin poesía y eliminó con facilidad a Ecuador se enfrentó a uno de los conjuntos legendarios del mundo y le dio batalla sin perder entusiasmo aún pese a recibir dos goles en la primera media hora. Si al día siguiente el Guardian británico describía el partido como “a thriller” es porque, en efecto, lo fue: un despliegue de técnica, pasión y coraje de dos equipos pares que ofrecieron un espectáculo imprevisible y emocionante, vivo, relevante.
La Selección Nacional ha recibido por ello el bien merecido agradecimiento de opinadores amateurs y profesionales en medios y redes. Salvador García Soto lo puso mejor que muchos: “En un país polarizado y dividido por el discurso político de los últimos años, que se ha empeñado en confrontar, segmentar y separar a los mexicanos… el fútbol fue un bálsamo que borró esas divisiones… sembró en las nuevas generaciones la posibilidad de una mentalidad ganadora, la de creer que México sí puede y que ser mexicano es ser grande y competir al tú por tú con cualquiera en el mundo”.
Encontré no sólo tanta razón sino tanta utilidad social en esas ideas que, a riesgo de redundancia, a punto estuve de hacer eco de ellas aquí. Hasta que otra, también relacionada con el partido me interpeló aún más.
En medio de las tantas justificadísimas felicitaciones, esta declaración de Javier “el Vasco” Aguirre, todavía entrenador de la Selección: “Aprovecho este espacio para agradecerle a todo el público mexicano. No pudimos darle una noche más de alegría y les ofrecemos una disculpa”.
Quien ha llevado el fútbol mexicano a su mejor resultado en 40 años no se regodeó; antes bien, reconoció sus limitaciones; más importante, asumió su responsabilidad. “Ellos hicieron lo que se les pidió”, afirmó respecto a los integrantes de su escuadra. “Yo no tengo cara para reprocharles nada. Si hay alguna crítica tiene que ser al entrenador, porque él decide quién juega y cómo juega”. Más allá, reconoció el error en la estrategia: “Intentamos 18 tiros y eso no sirve para nada. El rival no se equivocó como nosotros”.
Las declaraciones de Aguirre sorprenden en un contexto nacional en que todo lo malo que sucede es culpa de alguien más: de los de antes, de los de ahora, de Trump, de esa mítica ultraderecha de ocasión. Ante la derrota, el Vasco se responsabilizó de sus actos como profesional, como adulto, como ciudadano.
He ahí la verdadera gran lección que nos dio el fútbol mexicano en este Mundial.
POR NICOLÁS ALVARAD
COLABORADOR
IG y Threads: @nicolasalvaradolector