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México es un país con peso y reconocimiento en el mundo más allá del partido que lo gobierne
00:10 miércoles 22 abril, 2026
Colaboradores
Nuestra Presidenta acudió a una reunión internacional de progres, que es como se conoce a la gente de izquierda democrática —según dicen— o socialdemócratas. Se trata de una representación de la geometría política bastante devaluada. No es el mejor momento de la izquierda, al contrario, el crecimiento en los últimos años ha sido de las opciones de derecha en múltiples países. Un crecimiento sorprendente en muchos lados. En algunos países no es cosa de festejar lo que sucede con la derecha, como es el caso de Estados Unidos. En Europa, los ultras están saliendo hasta de las coladeras y no es gente que se caracterice por su humanidad y buenos sentimientos hacia el prójimo.
A Sheinbaum le ha tocado un mundo diferente que a su antecesor. A AMLO todavía le tocó convivir con algunos personajes de izquierda populista que, por supuesto, eran sus amigotes. Orates como Pedro Castillo y Evo Morales representaban para el Presidente mexicano verdaderos amigos y compañeros de lucha contra el malvado mundo neoliberal. Las cosas han cambiado demasiado y el vecindario latinoamericano ha virado, al igual que varios países europeos, hacia la derecha. Queda ver en el caso, por ejemplo, de Brasil: qué sucederá en las próximas elecciones, en las que el hijo del radical de derecha, Jair Bolsonaro, está en posibilidades de ganar dando un golpe severo a la izquierda que durante décadas ha representado Lula da Silva.
México ha ido en sentido contrario y cuenta con un gobierno abiertamente de izquierda. Claudia Sheinbaum es la primera persona de izquierda en gobernar el país (como se sabe, López Obrador era un populista-priísta). En ese sentido es normal que acuda a reuniones como la que se llevó a cabo en Barcelona, en la que pudo tener contacto personal con otros mandatarios y compartir experiencias de manera directa. Eso no es poca cosa, ayuda mucho en las relaciones bilaterales. México es un país con peso y reconocimiento en el mundo, más allá del partido que lo gobierne. Sheinbaum puede fácilmente colarse como líder internacional del movimiento progre. El español Pedro Sánchez tiene problemas todo el tiempo para mantener la gobernabilidad; Lula puede perder las elecciones; el colombiano Gustavo Petro es el campeón de los desfiguros. Así que de una nación con fuerza, todo indica que la presidenta mexicana se puede perfilar sin problema alguno.
Por lo pronto hay que reconocer que el viaje presidencial arrojó, de entrada, dejar atrás el papelón de los berrinches de las disculpas con España. Tener relaciones fluidas y cercanas con el gobierno español es fundamental para nosotros. Es un país con el que históricamente mantenemos una intensa dinámica de intercambio de todo tipo, a lo que hay que adicionar que compartimos el idioma y las raíces. La Presidenta podrá seguir pensando que era mejor vivir con Huitzilopochtli que con la llegada de los conquistadores españoles. Es su asunto pensar eso. Pero esa idea primitiva no tiene por qué definir la relación entre ambas naciones y lo que pensamos decenas de millones de mexicanos y españoles.
Para algunos analistas, asistir a la reunión de Barcelona encierra una provocación a Trump. No creo que al presidente norteamericano le preocupe una reunión de representantes de una ideología en decadencia. Desgraciadamente el tipo se encarga de otras cosas. Lo cierto es que Sheinbaum tendrá mayor peso internacional y para eso contará con el Mundial, que le dará presencia relevante a nuestro país. Es hora de tirar a la basura esa tontería de que “una buena política interior es una buena política exterior”. Cada cosa en su sitio.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA