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Podemos decir, el gobierno (no el Estado), es un Leviatán y los ciudadanos ya están dentro de su estómago. Como Jonás en la ballena
00:10 martes 4 agosto, 2026
Colaboradores
La definición de totalitarismo la podemos hallar en cualquier tratado de política.
Es una forma de ejercicio pleno del poder —no importa cómo haya sido obtenido— por el cual “el gobierno puede y debe controlar todo acto y todo interés de cada individuo o grupo, para utilizarlo en el incremento de la fuerza nacional; el gobierno no sólo es absoluto en su ejercicio sino ilimitado en su aplicación*.”
Podemos decir, el gobierno (no el Estado), es un Leviatán y los ciudadanos ya están dentro de su estómago. Como Jonás en la ballena.
Hoy los mexicanos miramos el avance incontenible de un proceso de megalomanía autodenominado transformador cuya maquinaria pesada avanza en la construcción inequívoca del totalitarismo.
Un gobierno cuyo sueño (ya muy avanzado) consiste en abarcarlo todo —a veces con el ejército; a veces con una burocracia teologizada y fanática del dogma de su fundador; otras con la manipulación digital—; uniformarlo, cubrirlo con la fácil promesa del bienestar (puede ser un elote, un café, una vivienda o un banco), pero con la verdadera finalidad de impedir toda iniciativa distinta de la suya tanto en lo cultural como en lo político.
En lo primero destacan por su tremebunda ignorancia; en lo segundo por su antidemocracia.
Hoy, cuando se preparan las herramientas para el control de los medios de información y comunicación (no son lo mismo) con el baladí pretexto de la “defensa de las audiencias”, bien les valdría recordar las palabras de alguien a quien dicen conocer: Francisco Zarco, quien en el 5 de junio de 1850 escribió en “El demócrata”:
“…Cuando la civilización, y con ella el deseo de libertad, se extiende en las clases todas de la sociedad, comienzan las transacciones entre los tronos y los pueblos, en que estos alcanzan algunas concesiones; se establece la monarquía constitucional, primer paso hacia la democracia, y entonces se funda la libertad de prensa… la prensa entonces es un arma terrible que arrebata a los tiranos sus secretos, que revela sus absurdos y destruye los errores…”
Pero dice más Zarco. Así explica:
“… cuando se establece una democracia perfecta, cuando el pueblo se gobierna por sí mismo, la consecuencia precisa es la libertad más completa para poder expresar el pensamiento. Los negocios públicos interesan a todos los ciudadanos, y así todos tienen derecho de expresar francamente sus opiniones y de proponer sus ideas a todos los demás, de censurar los actos de la autoridad…”
Se podrá decir, palabras, palabras, pero a eso es precisamente le teme el totalitarismo: a las palabras. Por eso las combate, por eso les pone “lineamientos”.
--¿Por qué tanto miedo?
Los periodistas morimos; las palabras no.
*George H. Sabine. FCE.1968
POR RAFAEL CARDONA
COLABORADOR
@CARDONARAFAEL