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Un régimen teocrático y autoritario es atacado sin declaración de guerra de por medio. La gasolina se esparce y Medio Oriente se incendia
00:10 miércoles 4 marzo, 2026
Colaboradores
Se le llama coloquialmente “la neblina de la guerra”, queridos lectores. Es esa humareda que impide distinguir claramente lo que sucede en el campo de batalla. Lo que antes era un fenómeno literal -el humo de los cañonazos y bombas- hoy es también informativo: la propaganda que todo lo confunde, lo obscurece, lo tergiversa.
¿Qué hacer para entender lo que verdaderamente está pasando? ¿Cómo alejarnos de los extremos del maniqueísmo simplón?
Un poco de historia reciente, y una pizca de contexto, siempre ayudan.
La Revolución Islámica de 1979 puso fin al reinado del Shah de Irán, Mohamed Reza Pahlavi, el “Rey de Reyes”, un déspota ilustrado pro occidental muy aplaudido en Europa y EEUU, pero no tanto en su país, donde el autoritarismo, dispendio y corrupción de su gobierno provocaban profundo resentimiento entre las clases populares.
En 1979 un levantamiento popular encumbra a un líder religioso exiliado, el ayatola Khomeini, quien proclama la República Islámica y comienza un agresivo programa de nacionalizaciones que irrita, lo adivinó usted, a EEUU. Viene la crisis de los rehenes y, un año más tarde, la invasión iraquí, que provoca una guerra que costaría casi un millón de vidas. Hasta la fecha, en Irán persiste la sospecha de que el instigador (y financiador) de esa agresión fue Washington.
El régimen islámico es retrógrado y extremista en lo religioso, aunque no tanto como algunos de sus vecinos. En el tema de las mujeres, por ejemplo, el índice de alfabetización de las iraníes ronda el 96%, y hay más mujeres que hombres inscritas en la Universidad de Teherán.
Pero volvamos a la guerra/no guerra: más allá de las múltiples muestras de tiranía y represión del régimen iraní, el ataque conjunto de Israel y EEUU es violatorio del derecho internacional, como también lo es la estrategia de “decapitación” de sus dirigentes. La muerte del líder supremo, Ali Khameini, de 86 años, parece haber estado calculada por Teherán, y no se observa aún una desbandada ni en el gobierno ni en las fuerzas armadas. Lo que sí es evidente es un plan de contraataque que no podrá inclinar la balanza militar pero que ya ha puesto de cabeza a la región. Si Trump y Netanyahu apostaban a un rápido colapso iraní, se equivocaron.
El incendio regional tendrá repercusiones de todo tipo: desde el riesgo de ataques por doquier (sea con misiles o a través de sus muchos aliados militantes/terroristas), hasta el precio del petróleo, pasando por el cuello de botella logístico que puede provocar el cierre del Estrecho de Ormuz y la disminución del tráfico a través del Canal de Suez.
Los impactos inflacionarios y recesivos, la afectación a las industrias de la aviación y del turismo mundiales, incluso el impacto para el Mundial de Futbol, pueden ser tremendos.
Pronto entrará en juego otro elemento, el de la opinión pública estadounidense. En este momento, apenas una cuarta parte de los encuestados apoyan la acción militar contra Irán, y esa cifra puede disminuir conforme se acumulen bajas militares y repercusiones económicas.
Las elecciones legislativas de noviembre ya pintaban complicadas para Trump y los Republicanos, y esto puede traer una mayoría Demócrata en una o ambas Cámaras en el Congreso.
Nadie sabe para quien trabaja…
POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
@GABRIELGUERRAC