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El dominio de la cosmovisión española buscó ocluir cualquier práctica religiosa divergente
00:01 miércoles 23 septiembre, 2026
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El Códice Tonalámatl de Aubin: colorido pétalo iconográfico de nuestra narrativa nacional. Magnánimo manuscrito -que de acuerdo con investigaciones de científicos del INAH- no sólo congregaba la narrativa histórica y mística del Tonalpohualli, sino que también fue parte de la resistencia pictográfica contra la conquista castellana.
El dominio de la cosmovisión española buscó ocluir cualquier práctica religiosa divergente. El códice concentraba una variedad de ritos religiosos que la Corona buscaba aniquilar. Sobrevivió años al aparato represivo español, gracias al manto de la clandestinidad. Su supervivencia es parte de los incontables blasones de nuestra resistencia cultural.
Hoy, el códice se encuentra resguardado en la bóveda de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México. Su recuperación es pintoresca historia que entrelaza las furtivas maniobras de un mexicano que tensó los límites de la diplomacia internacional y los alcances de nuestro derecho nacional.
Las hemerotecas narran la epopeya de José Luis Castañeda del Valle. Abogado de profesión que, el 18 de junio de 1982, se presentó en la Biblioteca Nacional de Francia en la Ciudad de París. Haciendo uso de sus afilados aguijones argumentativos, convenció a las autoridades galas, para que le permitieran acceso y consulta a varios códices mesoamericanos (entre esos el Tonalámatl).
Ingresó a la sala de consulta, ataviado con un largo sarape, que fue el manto subrepticio por el que sustrajo el Códice Tonalámatl. Envuelto por el folclórico jorongo, el códice escapó de esa ergástula franca, por las gallardas maniobras de Castañeda.
Dos horas tardaron las autoridades francesas en darse cuenta de la sustracción. La Interpol empezó la búsqueda incesante del mexicano. Éste empezó su personal odisea. Antes de lograr regresar a México, hizo ingeniosas evasiones: de París viajó a Bruselas, Bélgica, y de ahí a Egipto. Después de varios días en África, regresó a Bruselas, para viajar a Nueva York. Desde ahí ingresó a territorio nacional. El código había regresado a suelo patrio: clandestino fue su retorno del enjaulamiento francés, como clandestina fue su supervivencia al acoso español.
Para los franceses, el acto fue un imperdonable expolio, y un agravio intolerable para el “patrimonio nacional francés”. La prensa francesa condenó la acción de Castañeda como un hecho de vandalismo criminal. La entonces Procuraduría General de la República localizó y detuvo a Castañeda, dos meses después de su osadía internacional.
La prensa y el pueblo mexicano, contrario al oprobio francés, lo erigió como un paladín, como el “Chucho el roto” de los bienes culturales. Castañeda negó totalmente que hubiese algún robo. Su defensa categórica: “[…] fue una recuperación legítima, no un robo. El códice pertenece a México, es parte de su patrimonio cultural”. Para el derecho mexicano no había robo. Ni delito que perseguir. Para el derecho nacional era ineludiblemente patrimonio cultural nacional.
El códice enfrentó dos ordenamientos jurídicos con regulaciones opuestas. Para Francia sustracción, para México recuperación. Ni México extraditaría a Castañeda ni devolvería el pergamino, pero tampoco Francia cesaría en reclamar y presionar por lo que ellos aclamaron agravio nacional.
El impasse diplomático acabó en 1994. Una extraña ficción jurídica se confeccionó entre esas naciones como remedio para el escozor que sus órdenes jurídicos antagónicos, crearon: un “sui generis” acuerdo que establecía que la República Francesa mantendría la titularidad de la propiedad del códice, y el Estado Mexicano asumiría el rol de custodio físico permanente. Una suerte de forzada “nuda propiedad” y “usufructo a perpetuidad” de un patrimonio cultural internacional. Un ejemplo que, viendo con creatividad al Derecho, éste puede ser el bálsamo para remediar conflictos de toda clase.
Hoy, esta historia abre un nuevo telón, y no porque siglos después se exhiba en México el otro Códice Azcatitlan en posesión también de la República Francesa. Este nuevo capítulo comenzó este año con la expedición de la “Ley para facilitar la restitución de bienes culturales que hayan sido objeto de apropiación ilícita”, por parte del Parlamento Francés. Legislación que podría instrumentar el retorno de nuestro patrimonio cultural encallado en esa región de Europa. Sobre esto, escribiremos a profundidad en semanas venideras, mientras seguimos festejando a los héroes patrios.
POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ
MINISTRO EN RETIRO DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN