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Lo que no puede ser es pensar que la geopolítica no impone problemas y condiciones. Y en el caso de México no hay forma de escapar
00:10 domingo 12 abril, 2026
Colaboradores
El nombramiento de Roberto Velasco como secretario de Relaciones Exteriores puso énfasis en los retos que deberá enfrentar el nuevo canciller. Desafiantes como son los externos, pueden ser más graves que los domésticos.
Al margen de lo que se piense sobre la juventud de Velasco o el camino que siguió para llegar a encabezar la SRE, habría que anotar que el principal desafío está en la relación con un Estados Unidos cuyo gobierno desdeña alianzas que no sean en sus propios términos y considera las leyes internacionales más como un limitante que un marco sólido de relaciones.
Pero también, y esto es importante, el hecho de que se hace cargo de llevar adelante la política internacional de un país que parece enfocarse en la contemplación de su ombligo, y de un gobierno que particularmente desde 2018 pasó de la doctrina Estrada, de respeto a la no-intervención y la autodeterminación, a la doctrina güera Rodríguez: "fuera de México todo es Cuautitlán".
La importancia de aquella se refleja en números específicos: 35 millones de mexicanos y mexicoestadounidenses, 53 consulados, más de 800 mil millones de dólares anuales de comercio, una asociación imposible de evitar y hasta de limitar.
La segunda, tan importante o más, es convencer al país y particularmente al gobierno de que lo internacional tiene un impacto en México y que es necesario atenderlo. No solo es una expresión de retórica y declaraciones patrióticas, sino de un trabajo llano, gris, constante por líderes apoyados en personal entrenado, especializado, no por amigos, correligionarios o políticos.
Pero la Cancillería carece de recursos y el Servicio Exterior mexicano es actualmente un grupo bocabajeado y mal pagado.
La integración entre Estados Unidos y México no es una broma. Tiene complicaciones enormes para los dos países, porque no sólo tiene implicaciones socioculturales, sino también consecuencias y problemas que no son de fácil resolución: la ignorancia o la indiferencia a las necesidades del otro califican una relación que es mayormente buena, pero que los gobiernos parecen determinados a poner constantemente a prueba.
La histórica renuncia mexicana a seguir demandas estadounidenses es una expresión de nacionalismo y, como la ayuda a Cuba, también una pose para consumo de política doméstica para evitar impresiones de vasallaje o que impliquen un paso bajo las "horcas caudinas". Pero a veces esas exigencias –seguridad, crimen, legalidad– tienen importancia también para los mexicanos.
No son los únicos desafíos: América Latina, Asia, Europa, la situación ante organismos internacionales, cumplimiento de acuerdos y tratados, y por si fuera poco, defender una visión decimonónica de la soberanía en pleno siglo XXI.
Lo que no puede ser es pensar que la geopolítica no impone problemas y condiciones. Y en el caso de México no hay forma de escapar, pese a lo que quieren creer algunos presuntos aliados de la Presidenta.
La llegada de Velasco es polémica y su desempeño está ya bajo la lupa.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE