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No es raro que alguien en Estados Unidos presente a México como un problema de seguridad nacional, pero también es cierto que Estados Unidos
00:10 lunes 9 marzo, 2026
Colaboradores
Afirmar que la vecindad con Estados Unidos plantea situaciones buenas, malas y regulares es casi como asegurar que el sol sale a diario: una obviedad. No es raro que alguien en Estados Unidos presente a México como un problema de seguridad nacional, pero también es cierto que Estados Unidos es un problema de seguridad nacional para México. De entrada, México enfrenta algunos peligros a causa de la cercanía de la relación bilateral. Para empezar, porque aunque no es un blanco militar per se, comparte una frontera de tres mil kilómetros con Estados Unidos, es parte de su cadena productiva y aunque no sea parte del esfuerzo bélico estadounidense, es una importante fuente de suministros. México es el principal socio comercial de EU y su territorio está junto o a relativamente corta distancia de al menos 10 de las mayores bases militares de ese país, a comenzar por la base naval de San Diego, así como campos y bases de entrenamiento y pruebas de armas en Arizona, Nuevo México y Texas. Algunas de esas zonas militares bordean literalmente la frontera y son posibles blancos de ataques, por ejemplo con proyectiles intercontinentales que viajarían al menos ocho mil kilómetros si fueran lanzados desde bases rusas, chinas, norcoreanas o –ahora– iraníes. Pero ciertamente eso tendría efectos sobre el lado mexicano, sin pensar, por supuesto, en la posibilidad de que alguno de esos proyectiles pudiera sufrir algún pequeño desvío que los llevará a estallar sobre territorio o poblaciones no-estadounidenses, como por ejemplo Tijuana o Mexicali, Ciudad Juárez o Nuevo Laredo. Y eso, por supuesto, sin contar que imponderables como la radiación –o en casos extremos, ataques químicos o biológicos– no reconocen fronteras ni pasaportes. Más allá, el hecho también es que hay tantos como once millones de mexicanos que residen legal o ilegalmente en Estados Unidos, y que por tanto son, a querer o no, blancos colaterales para cualquier ataque contra ese país. La población estadounidense en México es la más numerosa fuera de Estados Unidos. Hay ciertamente otros problemas inmanentes, como la posibilidad de que algún organismo hostil tratara de usar el territorio mexicano como punto de infiltración a Estados Unidos. Esa formulación es una que ha sido señalada con frecuencia por los sectores más paranoicos del aparato de seguridad nacional estadounidense. Esa especulación se refiere en concreto a lo que consideran como posibles alianzas entre grupos delictivos mexicanos de traficantes de personas y drogas, especialmente cárteles con crecientes vínculos internacionales, con organizaciones guerrilleras o terroristas, y muy concretamente islámicas. Los contactos son posibles, pero de ocurrir, una situación de ese tipo podría crear serias dificultades en la relación bilateral. La relación y la vecindad tienen, pues, facetas que van más allá de una integración económica y social o de los problemas asociados con el narcotráfico desde México: ambos están obligados a cuidarse uno al otro. POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS COLABORADOR [email protected] @CARRENOJOSE