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El actual desplome en los índices de aprobación del presidente Donald Trump puede ser otro indicio del descontento con líderes que no cumplen
00:10 sábado 18 abril, 2026
Colaboradores
La derrota del autocrático Viktor Orbán y su partido Fidesz en Hungría bien podría ser una señal de que el péndulo político del mundo comienza a regresar de la derecha donde ahora se encuentra a algo distinto, quizá hasta de izquierda.
Pero algunos creemos que simplemente es la victoria de votantes insatisfechos, cansados de promesas no cumplidas, corruptelas o modos autoritarios.
El actual desplome en los índices de aprobación del presidente Donald Trump puede ser otro indicio del descontento con líderes que no cumplen, aunque en este caso se reflejaba primero en las elecciones legislativas de noviembre.
Ciertamente, la necesidad de atender la insatisfacción de los votantes no es algo nuevo. Es un elemento básico de la política que, sin embargo, a veces se olvida en aras de satisfacer a aliados ideológicos o partidistas.
La tentación de reclamar y autoasignarse la exclusiva representatividad popular o proclamar la superioridad de una ideología sobre otra pasa por alto que sus votantes quieren satisfactores en su vida diaria, desean seguridad y certidumbre en su entorno familiar, social y económico. Y lo desean tan pronto como sea posible, pero ya.
La era moderna se caracteriza, entre otros factores, por la realidad de la comunicación en tiempo real y la demanda de gratificación instantánea. Y ningún gobierno puede escapar indefinidamente a esa presión.
Algunos pueden encontrar soluciones en la creación de regímenes autoritarios, que combinen lo "iliberal" que proponía Orbán o su combinación con medidas de fuerza que proporcionan la ilusión de estabilidad y seguridad, como el de Nayib Bukele en El Salvador.
Otros en gobiernos verticalistas dadivosos. Pero tampoco es solución: el peronismo argentino, en sus diversas etapas, creó más de 140 programas de ayuda y protección social y puso a la Argentina en un constante subibaja político, económico y social, entre las conveniencias de momento y el rechazo por promesas insatisfechas.
Otros, como Trump, pueden tratar de aprovechar las frustraciones de un sistema llevado a la parálisis por su propio rejuego de intereses ideológicos y políticos para tratar de presentar soluciones más basadas en impresiones e imágenes personales que en realidades.
Ciertamente el populismo, de izquierda o derecha, se nutre de esa fuente.
Pero hay límites.
La demosclerosis es un concepto inventado por el politólogo estadounidense Jonathan Rauch, según el cual los gobiernos gradualmente pierden su capacidad de adaptación. Rauch se refería a democracias, pero el concepto alcanza a otros, y la pura represión resuelve problemas inmediatos, pero solo pospone soluciones.
Muchas de las ideas de Trump tienen un cierto apoyo en la sociedad estadounidense, pero las consecuencias negativas de medidas adoptadas por ideología sin considerar realidades, sean de economía o comercio, de seguridad o de migración, lo ponen ahora ante la real posibilidad de pasar sus dos últimos años de gobierno en problemas políticos y legales frente a un congreso opositor y una popularidad disminuida.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE