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Ya tiene cada emisora defensores de la audiencia (ombudsman por estación) y la mayoría se adhirió al código de ética publicado por la CIRT
00:10 martes 4 agosto, 2026
Colaboradores
Todos opinan sobre el derecho de las audiencias. El gobierno abrió ya una consulta pública y en la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) se asegura que distinguir al aire noticias de opiniones, además de inoperante, viola el derecho de la libertad de expresión.
Ya tiene cada emisora defensores de la audiencia (ombudsman por estación) y la mayoría se adhirió al código de ética publicado por la CIRT.
Unos celebran la protección al ciudadano (radioescucha y televidente), y otros denuncian censura gubernamental. El debate es más que legítimo. Pero se queda desde nuestro punto de vista muy corto.
La verdadera frontera no está solo en la regulación. Está en cada uno de nosotros.
El ciudadano ya no puede seguir siendo “chamaqueado”. Ya no puede seguir siendo víctima de los tramposos. Hay mitómanos que construyen secuencias infinitas de mentiras, ficción y novela que se desmienten horas después.
Monetizan el engaño. Y por cierto ganan mucho dinero. Han sido desmentidos incluso por autoridades extranjeras, y siguen. ¿Por qué triunfan? Porque nos dicen lo que queremos escuchar. Porque nos dan placer las mentadas que lanzan diario. Porque gozamos de esa mentira.
El ejemplo de las encuestas de 2024 es demoledor: firmas que anticipaban triunfos rotundos de ciertos candidatos y se equivocaron por 40 puntos. ¿Error técnico o negocio? Muchos rentaron su logo, cobraron y dejaron que el público decidiera creerles o no. Son charlatanes.
Entonces, ¿por qué seguimos dándoles like, compartiéndolos en WhatsApp o discutiéndolos en la sobremesa? La culpa ya no es solo de los mentirosos, es de quien disfruta ser engañado.
Hoy, mientras se discute el derecho de las audiencias debemos empujar con igual fuerza la responsabilidad de las audiencias. Esa responsabilidad es concreta: decidir dónde me informo; leer a columnistas serios, no a novelistas; preferir noticieros dignos y no fábricas de mentiras; no retuitear según el sentimiento; no compartir basura por WhatsApp y ante la duda, verificar, lo que nos llevará un par de minutos.
El chupacabras no existe. Las “encuestas chupacabras” tampoco. Dejar de alimentarlas es un acto de ciudadanía. Es urgente que no entendamos.
Ninguna ley, por bien intencionada que sea, sustituirá a un público crítico y maduro. Ya debemos demostrar que somos un público mayor de edad. El derecho de las audiencias solo se realiza cuando el ciudadano deja de ser espectador pasivo y se convierte en filtro activo.
Cuando deja de echarle leña a la hoguera de la desinformación. La regulación puede poner reglas a los medios, y claro hay que evitar esos diques. Pero solo nosotros podemos decidir dejar de premiar a los mentirosos. ¿Ya basta, no?
COLOFÓN:
+Todo lo anterior, es un breve resumen de la conferencia dictada la semana pasada, en la Sociedad Cívica de México A. C.
+Se nos invitó a reflexionar sobre la ética y responsabilidad periodística, en la era del fake news.
+Nosotros decidimos enfocarnos en ser un filtro activo, y dejar de ser un espectador pasivo.
Por Gustavo Rentería
@GustavoRenteria