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Ciento 33 años más tarde (siempre tarde, como dicta el reloj del subdesarrollo), el gobierno de la Cuarta Transformación mira hacia atrás y quiere
00:10 domingo 11 enero, 2026
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En el año 1907, Don Porfirio llevaba el progreso a su estado natal. Con la compañía Pearson inauguraba un tramo del ferrocarril de caldera carbonífera para unir el Atlántico y el Pacífico a través del Istmo de Tehuantepec. Todo había comenzado en 1898. Ciento 33 años más tarde (siempre tarde, como dicta el reloj del subdesarrollo), el gobierno de la Cuarta Transformación mira hacia atrás y quiere hacer lo mismo. Antes de un año, el tren parcialmente inaugurado y en precario funcionamiento (administrado por marinos en tierra) diría Rafael Alberti, se descarrila y mata unos cuantos mexicanos. No importa —piensa el demógrafo humanista—; hay tantos... Leamos un contraste e incurramos en la odiosa comparación. En menos de 35 años, China ha construido y administrado (con un accidente, faltaba más) la red ferroviaria de alta velocidad más grande del mundo: 22 mil kilómetros. De acuerdo con datos disponibles, en diciembre de 1990, el gobierno chino planeó la sustitución de la vieja y saturada línea Pekín-Shangai, como parte de un enorme proyecto de construcción cada vez con mayor velocidad, seguridad y confort. “A través de cinco rondas de campañas de elevación de la velocidad (abril de 1997, octubre de 1998, octubre de 2000, noviembre de 2001 y abril de 2004), el servicio de pasajeros se actualizó para llegar a velocidades de 160 km/h en 7 mil 700 km; de 200 km/h en 3 mil km, y de 423 para 250 km/h en líneas ya existentes. “El 12 de octubre de 2003 se inauguró la primera línea de alta velocidad entre Qinhuangdao y Shenyang: 405 km para 250 km/h, mientras que en 1998 la Guangshen Railway Company cuadruplicó la línea entre Cantón y Shenzhen para poner a circular ocho nuevos trenes chinos DJJ1 “Blue Arrow” y un único tren sueco “Xinshisu” (derivado del SJ 2000) a 200 km/h. “Aunque el 18 de abril de 2008 se inauguró una nueva línea para 250 km/h entre Nankín y Hefei, el inicio definitivo de la alta velocidad ferroviaria china se registró en agosto de 2008 con la línea de alta velocidad Pekín-Tianjin inaugurada justo antes de la apertura de los Juegos Olímpicos de 2008, estableciendo la mayor velocidad comercial máxima del mundo: 350 km/h, superando los 320 km/h existentes en algunas líneas francesas”. Todo lo anterior permite hacer varias preguntas: ¿Por qué en China las cosas se hacen bien y pronto y en México se hacen tarde y mal, o de plano se desiste de hacerlas? ¿Son los chinos superhombres, somos nosotros una subespecie? ¿O qué sucede? No hemos podido terminar siquiera el tren México-Toluca. Cincuenta y siete kilómetros. Casi como el de Chapultepec. POR RAFAEL CARDONA COLABORADOR @CARDONARAFAEL