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Sí, es una retórica como de gobernador del periodo post revolucionario, o como de los minidocumentales que se veían en los cines de los años 70
00:01 jueves 22 octubre, 2026
Colaboradores
Cuando empiezan, los populismos, sin excepciones, son cursis y ridículos, pero, también sin excepción, acaban por ser cursis, ridículos y peligrosos.
Vean el caso mexa. Hace no muchos años, cuando éramos neoliberales y felices, es decir, convenientemente de derechas, como hay que ser, nos hubiéramos burlado hasta que nos doliera la panza con la forma en que quienes hoy constituyen el oficialismo, con los ojos húmedos de la emoción de escucharse, se han lanzado impúdicamente a compartir, día sí y día también, expresiones como “estamos forjando patria”, “México es digno y soberano”, y cosas por el estilo.
Sí, es una retórica como de gobernador del periodo post revolucionario, o como de los minidocumentales que se veían en los cines de los años 70 antes de la película. Ya saben: “nuestras fuerzas armadas, custodias de la soberanía patria, rindieron tributo al señor presidente de la República, licenciado X, con motivo del 138 aniversario de…”
Bueno, pues el ridículo, que nunca desapareció del todo en nuestro país, recibió una dosis o más bien sobredosis de esteroides durante el sexenio pasado, en el que, junto con esa retórica de priismo ultramontano, se nos dejaron venir las inauguraciones con banderita y banda militar y los carros alegóricos sobre los heroicos zacapoaxtlas, el Benemérito de las Américas, que nació en cuna humilde para dirigir los destinos nacionales, o la grandeza de las civilizaciones prehispánicas.
Mi punto es que, hoy, la cosa ya no tiene tanta gracia. La Fiscalía, el gobierno federal y la comentocracia a modo, en redes y medios, han desenterrado un concepto que pensaríamos totalmente primitivo, el de “traición a la patria”, para encarcelar, es de suponerse que a manera de ejemplo, a un fiscal, el de Chihuahua, que no, no le abrió las puertas a las tropas imperiales para que mancillaran la sagrada tierra mexicana, ni se dedicó a espiar en favor de una potencia enemiga, sino que organizó con dos agentes de la CIA una operación contra el crimen organizado, bastante eficaz por cierto.
La operación, se entiende, no tenía la palomita del gobierno federal.
¿Que estaba en falta en términos jurídicos? Seguramente. Pero el régimen no ha decidido cobrársela en esos términos, sino como un pecado de lesa mexicanidad. Tal cual: desenterró un concepto viejo y ridículo, para refundirlo sin posibilidades de escapatoria.
He leído a unos cuantos colegas, gente crítica y aguda, asegurar que el caso no se sostiene en un tribunal. No estoy seguro. Luego de esa cosa llamada “reforma al Poder Judicial”, el destino de César Jáuregui pinta como para negro oscuro. En cualquier caso, va a pasar un rato largo, largo, en una prisión de alta seguridad, mientras termina el juicio.
El mensaje, supongo, es claro: calladitos y bien portados, que somos gente peligrosa. Recibido.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09