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Ciertamente refleja una realidad incontestable: Estados Unidos se mantiene como el hegemón mundial
00:10 sábado 20 junio, 2026
Colaboradores
En alguna medida, mucha o poca según el punto de vista, parece como si la noción de aceptar a los Estados Unidos como un socio confiable ha perdido terreno, desaparecido o está en vías de desaparecer en todo el mundo.
Cuando el presidente Donald Trump dijo a los líderes del G7, compuesto por las principales potencias económicas del mundo, que él era "el jefe" dijo una verdad a medias. Tal declaración puede resultar satisfactoria para su ego y la jactancia de sus partidarios, pero no le gana puntos en un mundo donde hay cada vez más desconfianza hacia su gobierno, y por tanto hacia su país.
Ciertamente refleja una realidad incontestable: Estados Unidos se mantiene como el hegemón mundial, quizá menos por lo que puede ofrecer que por lo que puede negar.
Pero hay una creciente impresión entre internacionalistas o expertos de política exterior en Estados Unidos, Europa y otras regiones, para quienes la forma de gobernar del mandatario no ayuda. "Es errático y desconfiable, como los Estados Unidos bajo su liderazgo", consignó un análisis de la publicación World Policy Review.
En esa visión, Trump "ya no puede ser considerado un paréntesis abierto en la política estadounidense que se cerrará cuando se vaya. Esa más amplia desconfianza se extenderá más allá de su tiempo en el puesto".
Y no es el único. La confianza, diría Perogrullo, es difícil de obtener y fácil de perder.
Sitios de análisis como GZero del Eurasia Group, el Chatham House británico o el Real Instituto Elcano español subrayan sus dudas sobre el liderazgo estadounidense.
Para GZero, especializado en riesgos geopolíticos, por ejemplo, el aparente resultado de la guerra con Irán es que Estados Unidos se mantiene como la principal presencia militar en la región, pero una de la que sus aliados no pueden confiar; será usada predeciblemente o en su beneficio: varios países del golfo pérsico sufrieron ataques iraníes sin literalmente haber tenido participación o peso en la decisión de ir al conflicto.
En su momento, Trump se quejó de la ausencia de los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero nunca los consultó, a pesar de sus obvios intereses económicos.
Y el problema es más amplio. De Japón a Ucrania, países que de una forma u otra confiaban en Estados Unidos reexamina sus planes, aunque no puedan darse el lujo de alejarse demasiado, ni de romper, con el gobierno Trump.
Pero el hecho es que en todos los continentes hay un sentimiento similar: "ya no se puede dar por sentada la fiabilidad estadounidense, y reducir la dependencia de EU ha pasado de ser un lujo a una necesidad".
Claro que entre decirlo, hacerlo y sobre todo lograrlo, hay una distancia considerable, pero el hecho es que, con algunas excepciones, el papel de mayor socio comercial, y de paso con puntos de referencia confiables, es ahora desempeñado por la República Popular China. A río revuelto...
Por José Carreño