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Y el control del estratégico Estrecho de Ormuz queda más obviamente que nunca en el gobierno iraní
00:10 jueves 18 junio, 2026
Colaboradores
El presidente Donald Trump canta victoria y anunció con bombo y platillo que el crítico Estrecho de Ormuz está abierto de nuevo a la navegación y, en cuestión de días, el flujo de petróleo se reanudará.
Pero la verdad sea dicha, el escepticismo ronda el "memorando de entendimiento" anunciado el domingo, porque más bien se trata de un alto el fuego de 60 días, durante los cuales se espera negociar los temas que llevaron a la guerra.
Pero de entrada, se desconocen las propuestas, las condiciones o los posibles puntos de acuerdo y de hecho, no se cumplieron las condiciones declaradas por Trump y el primer ministro israeli Benjamin Netanyahu al inicio del conflicto en febrero pasado: ni el cambio de régimen o el apoyo a los grupos de disidentes iraníes, ni el final del financiamiento a los grupos palestinos Hamas o Hezbolá, ni un cese del programa nuclear de Irán.
Y el control del estratégico Estrecho de Ormuz, por donde pasa 20 por ciento de la producción mundial de petróleo, queda más obviamente que nunca en el gobierno iraní o, para ser más precisos, en la Guardia Revolucionaria.
Ciertamente, puede proclamar que la Fuerza Aérea y la Armada iraníes fueron destruidas, pero la guerra también probó que drones, proyectiles y lanchas rápidas pueden ser "igualadores" en algunos casos.
Mucho de eso aparentemente será negociado, pero la realidad es que la impresión más generalizada es que el régimen iraní salió fortalecido: no sólo reprimió brutalmente a sus opositores sino que resistió los ataques aéreos estadounidenses e israelíes, que causaron la muerte de Alí Jameneí, líder supremo del aparato religioso-político que domina Irán.
Peor aún, para Trump, es la ausencia de apoyo que enfrenta en Estados Unidos, donde el desacuerdo sobre la conveniencia de la guerra es alimentado por su costo económico, no sólo en el gasto y el dispendio del arsenal estadounidense sino por su impacto sobre los precios del petróleo y el costo de vida en general.
La suma de factores es abiertamente negativa para los índices de aprobación pública de Trump, con el correspondiente impacto en las elecciones legislativas de noviembre.
Para algunos partidarios de Trump el conflicto fue consecuencia de la influencia israelí sobre el mandatario y una violación de sus promesas de campaña, en especial contra la participación en lo que definió en su momento como "guerras interminables".
Paralelamente, en EU hay rechazo a la idea de que el arreglo incluya algún tipo de beneficios económicos para el régimen iraní, aunque se habla también de un fondo de reconstrucción de hasta 300 mil millones de dólares que según el vicepresidente JD Vance serían aportados por los estados del golfo.
Correcta o incorrectamente, algunos expertos y medios hablan de que en realidad se trata de una derrota para Estados Unidos.
"Es claro que Trump fracasó en lograr cada una de las metas que planteó para esta guerra opcional, y ahora está determinado a firmar, sellar y entregar la capitulación de Estados Unidos tan pronto sea posible", consignó la revista The Atlantic.
Pero Trump siempre proclama victoria.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1