Vínculo copiado
El odio al organismo no es otra cosa sino el peor síntoma de la oleada anticapitalista
00:10 viernes 17 julio, 2026
Colaboradores
El día de ayer la selección del futbol Argentino calló la boca de muchas personas. En un lapso sumamente corto, al final de un partido que tenían casi perdido tras el gol que dio la ventaja a Inglaterra en semifinales, los argentinos lograron empatar y ganar el partido de la Copa Mundial de Futbol 2026, colocándose, como no había visto nuestra generación, en la víspera de un nuevo campeonato, con lo que lograría el domingo, si gana, un doblete, como no ocurría desde finales de los años 50 y principios de los años 60.
Pero lo relevante del triunfo de ayer, más allá de lo futbolístico, es que el desempeño de la selección y el desarrollo del partido mismo tiraron por la borda una de las teorías más nefastas que llevamos un mes escuchando: que la FIFA de Gianni Infantino les favorece por diseño, orientando la determinación de los árbitros con la revisión de las jugadas, las faltas y las omisiones.
Nada más falso. Argentina jugó y ganó legal y legítimamente, y hay que reconocerlo.
Sin embargo, el problema de la supuesta conspiración y corrupción de la FIFA refleja algo muy profundo: la muy vigente oleada antisistema y anticapitalista que está creciendo con mucha fuerza en todo el mundo, impulsada por la izquierda global.
A la FIFA se le quiere hacer ver como el cénit de un sistema que aplasta a los desfavorecidos, captura colosales beneficios económicos y vende sus principios al mejor postor.
Cada semana durante este Mundial escuchamos una narrativa que evolucionaba: empezaron con quejarse por el precio de los boletos, pasaron por el supuesto favoritismo a Argentina, y ahora van en la crítica por consigna a la idea de incrementar el número de selecciones a 64 para el siguiente Mundial.
A la izquierda global nada le gusta y no le conceden un centímetro de legitimidad a esta organización, a la que consideran moralmente detestable.
Estamos ante uno de los síntomas más graves de la descomposición del sistema que nos rige.
Hoy es la FIFA, pero mañana serán las empresas de productos de consumo, los bancos globales, las compañías de cruceros, las automotrices internacionales o las empresas de moda.
El desprecio por la FIFA debería encender ya todas las alarmas de las corporaciones globales. Lo que vemos ahora es sólo la punta del iceberg que esconde un resentimiento globalizado de gran tamaño.
Y es un resentimiento que se traduce cada vez más en campañas, manifestaciones y acciones de desestabilización en Occidente. Mucho cuidado.
BOEHRINGER INGELHEIM
La farmacéutica alemana Boehringer Ingelheim nombró al veterano uruguayo Martín Corcoll
Sanguinetti como presidente y director general de México, Centroamérica y el Caribe, para fortalecer los lanzamientos de productos en las áreas de salud animal y salud humana, así como para fortalecer la producción local aquí.
POR: CARLOS MOTA
COLABORADOR
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