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Jorge Volpi revisa la historia de Sylvia Plath y Ted Hughes para pensar la masculinidad tóxica no como villanía
00:00 lunes 25 mayo, 2026
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"La obra y cómo advino es de lo que vale la pena escribir, lo que debe ser respetado. La vida será invocada a fin de iluminar la obra; el impulso biográfico debe hacerse uno con el literario / crítico”: la idea, a mi juicio tonta, proviene de un libro que me pareció inteligente, en gran medida porque elude el principio que declara en sus primeras páginas. Acaso lo que pretenda Jonathan Bate al comenzar su Ted Hughes: The Unauthorised Life con esa admonición es sustraer su trabajo al escándalo que acompaña el nombre de su biografiado, enorme poeta británico cuya notoriedad obedece menos a su obra que a su estatuto de viudo de su icónica colega suicida Sylvia Plath. “Éste no es un libro de chismes”, parecería defenderse Bate; tampoco, por fortuna, un estudio literario que reduzca la anécdota biográfica a insumo hermenéutico. Pese a su denegación, el autor da sobrada muestra de comprender que la vida es no sólo el contexto sino la estofa de la literatura y que si interesa contarla y analizarla no es por lo morboso del cotilleo sino por lo universal de los problemas: la diferencia entre prensa rosa y filosofía no estriba en la materia sino en el enfoque.
En su obra teatral sobre los mismos personajes —Las agujas dementes, en temporada dirigida por Benjamin Cann en El Granero—, Jorge Volpi parece no sólo entenderlo sino hacerlo desde la lección del feminismo temprano: lo personal es político. Montada con habilidad por un Cann que nos hace avanzar y retroceder en el tiempo sin desorientarnos, la obra hace de los versos mera utilería —el inteligente set de Matías Gorlero los troca en frutos de un árbol cuya sombra cobija la acción— y se concentra en lo humano: la relación entre Plath, Hughes, la mujer con que la engañara —la traductora Assia Wevill— y el marido de ésta —el poeta David Wevill—. El personaje principal es un Hughes egoísta e indolente, corresponsable de la destrucción de los otros tres pero no villano sino antihéroe: en lo que hoy cabría describir como su masculinidad tóxica no hay dolo; apenas sordera, fomentada por la estructura social.
Buen psicólogo, Volpi no le escatima genialidad por pernicioso; tampoco exime a sus víctimas de fallas trágicas: Assia es frívola, David pusilánime, Sylvia tiene problemas de salud mental (lo que acaso no se haya opuesto a su genio poético sino antes bien lo haya alimentado). La lucidez de Las agujas dementes estriba en tomar esos personajes archiconocidos no como fetiches literarios sino como elementos de una parábola sobre la actual crisis de los géneros. Ajeno a toda militancia, comprometido con su rol de intelectual público, Volpi apela a un poeta del siglo XX para problematizar la masculinidad en el siglo XXI. Con ello logra una obra que, como toda buena literatura, trata no de las vidas sino de la vida. Únete a nuestro canal de WhatsApp para no perderte la información más importante 👉🏽 https://gmnet.vip/7Be3H