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Obviamente que hace más de 15 años Pérez no era el que llevaba la rienda del caso del hijo consentido de “El Mayo”
00:10 domingo 9 agosto, 2026
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Washington.- La primera ocasión que vi al abogado Frank Pérez fue allá, por 2010, en la Corte Federal del Distrito Norte de Chicago, Illinois. En ese entonces y ante el juez federal Rubén Castillo, el abogado texano formaba parte del equipo legal que defendió a Jesús Vicente Zambada Niebla, “El Vicentillo”, primogénito de Ismael “El Mayo” Zambada García, capo de capos y fundador del Cártel de Sinaloa. No había redes sociales ni euforia por los procesos judiciales de narcotraficantes de México en Estados Unidos, mucho menos esos circos mediáticos con “periodistas expertos”, dueños de información “exclusiva” que es pública y surgidos a diestra y siniestra a raíz del juicio en Brooklyn, Nueva York, y de apologías musicales a Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Unos cuantos reporteros atestiguamos las audiencias de procedimiento, NO HUBO JUICIO, del proceso judicial de Zambada Niebla y como su equipo legal integrado por Malvin Michaelson, George Santangelo, Edward Panzer, Fernando Gaxiola y Pérez, asesoraba al Príncipe para que se declarara culpable de narcotráfico y se convirtiera en el principal y más importante testigo protegido de Estados Unidos. Obviamente que hace más de 15 años Pérez no era el que llevaba la rienda del caso del hijo consentido de “El Mayo”. Sin embargo, ese procedimiento emblemático no solamente fortaleció su conocimiento en los torcidos arreglos del hipócrita sistema judicial de Estados Unidos para favorecer a los criminales de la peor calaña, sino que también lo hizo famoso entre los narcotraficantes mexicanos que en esa época tenían pesadillas pensando que podían ser extraditados y que ahora sueñan hasta con ser expulsados del país para cooperar con los gringos. Tras haber integrado al equipo de abogados de nada menos y nada más que del hijo de “El Mayo”, Pérez empezó a especializarse en procedimientos de narcos para evitar la cárcel y ser compensados por traicionar a criminales, familiares, amigos, gobernantes, militares, políticos y policías corruptos pasando información falsa y/o verdadera a agentes de la DEA, FBI, CIA y fiscales estadunidenses. Tuvo que ocurrir la misteriosa llegada a Nuevo México de “El Mayo” y Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de “El Chapo”, el 25 de julio de 2024, para que Pérez volviera subirse al escenario; ahora defendiendo a la máxima figura del narcotráfico internacional. Con la recomendación de su hijo sobre el estilo amigable pero astuto de Pérez para negociar con los fiscales, “El Mayo” permitió que el abogado lo asesorara para formular su declaración de culpabilidad y aceptar noblemente la sentencia a cadena perpetua con una multa de 15 mil millones de dólares a confiscar, que le dictó el pasado 20 de julio el juez Brian Cogan, de la Corte en Brooklyn. Once días después de la sentencia a “El Mayo,” Pérez reapareció, esta vez en la Corte Federal del Distrito de Columbia instruyendo la declaración de culpabilidad de Antonio Oseguera Cervantes, “Tony Tormenta”, hermano de “El Mencho” (finado), líder Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), organización criminal antagónica y enemiga a muerte del Cártel de Sinaloa, de “Los Mayitos” y de “Los Chapitos”. La ética de Pérez puede estar en tela de juicio, su astucia no. Qué les importa a los narcos que Pérez ayer haya estado con su peor enemigo si evitará que mueran en la cárcel y que además los premien los gringos. Por J. Jesús Esquivel @JJEsquivel