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El país entero se mueve con una pelota y pudimos disfrutar con el primer triunfo de nuestra Selección
00:10 miércoles 17 junio, 2026
Colaboradores
El Mundial ya está entre nosotros y se quedará varios días más. La fiesta deportiva acapara la atención de todos y es algo que irá en aumento en las próximas semanas. La inauguración de la semana pasada se llevó a cabo sin problema alguno. Nuestro país, como de costumbre, proyectó esa imagen de fiesta y alegría que tanto disfrutamos dar los mexicanos. Claro, los problemas ahí están, no se irán cuando se vayan las visitas y suene el verdadero silbatazo final. Ya regresaremos a ellos.
El país entero se mueve con una pelota y pudimos disfrutar con el primer triunfo de nuestra Selección. Ya esta semana nos tocará ver qué ajustes hacen en la estrategia. Pero el grito de triunfo, escuchar nuestro himno nacional y cantarlo rodeado de amigos, familiares o simplemente con otros connacionales, es algo que se queda en los recuerdos de la felicidad colectiva.
Por lo pronto seguiremos con las camisetas de nuestra Selección para un lado y el otro. Hay que destacar que la fiesta mexicana siempre destaca de alguna u otra manera. En estos días hemos visto cómo los turistas coreanos —cuyo equipo es nuestro próximo rival— son tratados como si fueran compadres. Los mantean, los abrazan, les enseñan a bailar La chona, los meten de cabeza en gigantes ollas de bebidas alcohólicas, les enseñan a decir groserías y los coreanos están felices con el desmadre mexicano.
Hay que recordar que esos lazos de cariño con el pueblo coreano se fortalecieron en el mundial de Rusia en 2018, en el que la selección de Corea del Sur le ganó a Alemania 2-0 y nos permitió pasar a la siguiente ronda. Un buen contingente de mexicanos se presentó esa misma tarde ante la embajada de Corea en la CDMX con un grupo de mariachis y cantaron y gritaron hasta que salió el embajador a dar las gracias, se tomó fotos, le cantaron la de “hermano coreano, ya eres mexicano” y le empujaron unos tragos de tequila a pico de botella. A ver si para el jueves seguimos con ese espíritu festivo con los visitantes coreanos.
Hemos visto cosas notables en tan sólo unos días. El desempeño de Cabo Verde el día de ayer ante España nos dejó con la boca cerrada a todos. Nadie esperaba que el equipo de ese pequeño país fuera a detener a uno de los favoritos para ganar la copa. El empate de Japón contra Países Bajos (que es como se supone que hay que decirle a Holanda) fue otra sorpresa, no así la goliza de Alemania a Curazao, que hizo recordar que la selección teutona le metió esa misma cantidad de goles a Brasil hace unos años. El empate de Marruecos con Brasil resultó también sorpresivo y coloca de nuevo al equipo africano en posición muy competitiva en este torneo. Estados Unidos mostró una calidad futbolística que puede ser una pesadilla para sus rivales. En fin, cada partido tiene lo suyo.
Dentro de los nuevos personajes que han salido (cada Mundial es pródigo en personajes y en historias) está sin duda Vozinha, el portero de Cabo Verde. Se trata de un hombre de 40 años que juega en un equipo de segunda división en Portugal. Este arquero frenó las ilusiones españolas con sus atajadas. Durante el encuentro sus seguidores en redes sociales aumentaron en más de un millón de nuevos seguidores. Será sin duda uno de los íconos de este torneo.
Por supuesto que hay que destacar a las aficiones de los diferentes países. En materia de desmadre tenemos competencia reñida, pero quizá la más llamativa en estos momento ha sido la de Escocia, que se presentó a apoyar a su equipo en la ciudad de Boston. Viajaron miles a ver a su selección que se presentaba de nuevo en un Mundial después de más de 20 años de ausencia. Cantan y bailan todo el tiempo, desfilan con sus gaitas por las calles y llenaron un partido de beisbol en el que no dejaron de entonar canciones. Es claro que las aficiones de los países saben ser creativas, pasarla bien y divertirse, a diferencia de lo que sucede con los fanáticos de los clubes.
Estas son algunas estampas de estos días de Mundial, en que todos nos hemos dado una breve pausa para dejar a un lado la grilla, pero ya volveremos.
Por Juan Ignacio Zavala