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Pero aún, Trump ha anunciado por semanas la inminencia de acuerdos que no se han concretado
00:10 miércoles 27 mayo, 2026
Colaboradores
El gobierno del presidente Donald Trump está "a punto" de un acuerdo con Irán.
No que sea por gusto. Las condiciones políticas en Estados Unidos, la realidad en el terreno lo hacen necesario.
El presunto convenio está ya en el centro de dos polémicas: una, con "halcones" inconformes con el posible final sin conclusión del conflicto; la otra con opositores que lamentan el dispendio de recursos, los problemas económicos y el daño al prestigio estadounidense.
Pero aún, Trump ha anunciado por semanas la inminencia de acuerdos que no se han concretado.
Esta vez parecería que la posibilidad de llegar a un arreglo está más cerca que en cualquier momento de los últimos tres meses, desde que el 26 de febrero aviones estadounidenses e israelíes bombardearon Teherán y dieron muerte al líder espiritual, ayatolá Ali Jamenei, y a varios de sus colaboradores.
El propósito de la guerra nunca fue explicado claramente, aunque en las últimas semanas la retórica pareció asentarse en evitar que Irán obtenga armas atómicas.
Pero el maestro negociador, como se ostenta el mandatario estadounidense, está en una situación que no disfruta y con la que no es familiar: la de ser la parte urgida de llegar a acuerdos.
Fuentes árabes y estadounidenses creen que nada gustaría más a los iraníes que prolongar las negociaciones por meses, como hicieron con el presidente Jimmy Carter durante la crisis de los rehenes, cuando una turba de estudiantes iraníes secuestró a 66 diplomáticos al apoderarse de la Embajada estadounidense en Teherán en noviembre de 1979. La crisis fue uno de los factores en la derrota electoral de Carter y los rehenes no fueron liberados sino en enero de 1981, cuando el republicano Ronald Reagan tomó posesión.
Esta vez, la negativa situación económica provocada por el cierre del Estrecho de Ormuz, en el extremo sur del Golfo Pérsico, es un factor de importancia en las negociaciones, y sobre todo, un lastre para la postura estadounidense.
Una negociación prolongada, pues, incidiría contra Trump. Y él lo sabe: es la táctica que según sus biógrafos usó como empresario para pagar centavos en vez de dólares por trabajos hechos en sus propiedades.
El eje del posible acuerdo, por lo que se sabe, es la apertura por Irán de un estrecho marino por el que normalmente transita 20 por ciento del petróleo mundial, y el final del bloqueo estadounidense a puertos iraníes.
Las medidas como tal son un alivio a la economía mundial, pero especialmente a las presiones políticas domésticas que incrementados precios del petróleo y sobre todo gasolinas ponen sobre Trump y su partido republicano, en la antesala de elecciones legislativas en noviembre.
El terminar un conflicto que empezó sobre la creencia de un fácil triunfo daría al presidente Trump la posibilidad de proclamar victoria, aunque no haya logrado el cambio de régimen, o el cierre absoluto de las instalaciones nucleares iraníes –que hace casi un año afirmó habían sido obliteradas en otro bombardeo estadounidense–.