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Pueblos rurales encuentran una nueva oportunidad
22:40 lunes 2 noviembre, 2026
Mundo
El turismo interno está cobrando fuerza en las regiones más seguras de Ucrania, donde miles de personas provenientes de ciudades bombardeadas buscan alejarse del ruido de las explosiones y recuperarse del desgaste emocional provocado por la guerra. Esta tendencia ha dado un nuevo impulso a pequeños pueblos y localidades rurales que ofrecen descanso y contacto con la naturaleza.
En Goráivka, una comunidad del suroeste del país cercana al cañón del río Dniéster y a la bahía de Bakota, el propietario de una casa de huéspedes, Serguí Tolstijin, asegura que la principal petición de sus visitantes durante los últimos meses ha sido encontrar silencio.
El empresario lleva años rehabilitando antiguas viviendas construidas con arcilla y piedra para recibir turistas. Aunque la zona ya atraía visitantes antes de la guerra, la intensificación de los ataques rusos contra las ciudades ha incrementado el interés por este tipo de destinos.
“La gente viene aquí desde Kiev, Odesa y otros lugares porque está muy cansada de las constantes explosiones. Algunos ya no pueden soportar el estrés acumulado”, explicó a EFE.
A diferencia del turismo convencional, los visitantes no buscan una agenda llena de actividades ni grandes atracciones. Prefieren alojarse en comunidades pequeñas, dormir sin interrupciones y salir a caminar por los alrededores.
Viajar para sobrellevar el impacto de la guerra
Las cifras oficiales reflejan el crecimiento de esta actividad. Las reservaciones turísticas aumentaron 12.7 por ciento durante el primer semestre de 2026, en comparación con el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con la Agencia Estatal de Desarrollo Turístico de Ucrania.
El incremento se registra pese a las dificultades para desplazarse dentro del país, entre ellas los ataques rusos contra la infraestructura ferroviaria.
“Viajamos para ser capaces de vivir y seguir adelante. De lo contrario, hace tiempo que nos habríamos vuelto locos”, contó a EFE Tetiana Barabanova, una residente de Kiev de 40 años que se hospeda en Goráivka.
Aficionada al ciclismo de montaña, Barabanova acostumbraba salir de la capital para alejarse del ruido. Sin embargo, la intensificación de los ataques diarios con misiles y drones ha hecho que necesite pasar más tiempo fuera de la ciudad.
La mujer explicó que muchos ucranianos sienten culpa al buscar momentos de tranquilidad mientras otras personas mueren en el frente o en ciudades atacadas. En su caso, el reclutamiento de su esposo por parte del ejército ha aumentado la presión emocional que enfrenta diariamente.
Durante este año ha prolongado sus estancias en localidades rurales, tanto en los alrededores de Kiev, donde todavía se escuchan drones, como en regiones occidentales relativamente más tranquilas. Ahí dedica varias horas a caminar o recorrer senderos en bicicleta, sola o acompañada.
“Es esta energía de la naturaleza, la inmensidad del espacio, lo que me ayuda a darme cuenta de que sigo teniendo una vida, de que hay algo más allá de la guerra”, afirmó.
Pueblos rurales encuentran una nueva oportunidad
El crecimiento del turismo nacional también responde a las restricciones para viajar al extranjero. La aviación comercial ucraniana permanece suspendida desde hace más de cuatro años y medio, mientras que cruzar las fronteras terrestres puede implicar trayectos largos e impredecibles o estar limitado por la ley marcial.
Las regiones occidentales, consideradas más seguras, concentran buena parte de la demanda. En redes sociales abundan las fotografías de paisajes otoñales, especialmente de los montes Cárpatos.
Sin embargo, el interés por encontrar espacios alejados del ruido también beneficia a comunidades sin grandes atractivos turísticos tradicionales. En estos lugares, la tranquilidad y la ausencia de turismo masivo se han convertido en parte de su principal atractivo.
En Goráivka, además, los anfitriones reciben a veteranos de guerra que realizan actividades como senderismo, natación y arte. Algunas de sus pinturas incluso forman parte de la decoración de las antiguas viviendas rehabilitadas.
Svitlana Arseniuk, comerciante de la localidad cuyo yerno sirve en el ejército, reconoció que en algún momento temió que el aislamiento provocara la desaparición del pueblo.
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“Es triste que haya sido la guerra lo que haya ayudado a muchos a descubrir este lugar. Pero espero que algún día toda esta pesadilla termine y que aún más gente venga aquí a admirar su belleza”, expresó.