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A la seriedad de la presidenta y a los riesgos que está tomando en la relación con EU está muy bien contestarle con una carnita asada
00:10 miércoles 29 julio, 2026
Colaboradores
Llamó la atención, aunque no sorprendió. Algo así se esperaba de un destacado miembro de la Cuarta Transformación como es Rubén Rocha Moya. En estos días circuló un video del hombre que vive escondido de la justicia norteamericana, disfrutando de una tarde alegre de convivio y bailongo.
Mientras la presidenta Sheinbaum da la cara —la propia y la de su gobierno— por el señalado sinaloense, el señor le pega a la danza con los amigos. Muy bien, seguramente se lo merece. Es un hombre al que lo espera en cualquier momento la cárcel. En esencia se supondría que su opción sería un presidio mexicano o uno estadounidense, pero parece que la Presidenta lo quiere mantener a salvo de la justicia —la nacional y la extranjera— para que pueda dedicarse a sus anchas al esparcimiento merecido después de años de trabajo dedicado al fortalecimiento del vínculo entre política y crimen organizado, que es de lo que se le acusa en el país vecino.
La defensa de su compañero de partido enarbolada por la Presidenta ha sido en toda la línea. Pocas veces vimos que un presidente en el pasado haya salido de esa manera contra un acusado en otro país. Sheinbaum vinculó incluso el apellido del gobernador a su muy personal concepto de soberanía nacional. A la seriedad de la Presidenta y a los riesgos que está tomando en la relación con el gobierno estadounidense está muy bien contestarle con una carnita asada y deslizar las botas al ritmo de banda. ¿O acaso alguna ley lo prohíbe? ¿Por qué no se puede divertir un hombre inocente, aunque medio país piense que es culpable? ¿Bailar ya es delito según la ultraderecha? ¿Los conservadores no hacen pachangas o qué les pasa?
Cosa diferente es con la oposición. Ahí no dan tiempo ni para comerse un taco. Con exceso de fuerza apresaron a Ernesto Ruffo, que fue el primer gobernador de oposición hace casi 40 años en Baja California. Se trata de un hombre de casi 80 años. Un anciano que vivía en su casa y que en cuanto salió su nombre en la investigación hace unos meses se puso a disposición de las autoridades. A Ruffo le cayó encima el poder en su versión venganza. Ciertamente no se entiende por qué, pues era un político inofensivo. Un hombre que vivió de lo que logró hace cuatro décadas. Políticamente en todo lo demás fue un fracaso. Por eso a nadie le preocupaba. Se fue del PAN a un nuevo partido con sus amigos para no morir de aburrimiento y sobre él cayó la espada del claudismo. La acusación a Ruffo huele muy mal. Acusarlo de ser el líder de una banda de contrabando de combustible es un despropósito. No digo que no se le investigue, pero que si se le acusa sea un asunto creíble. Hasta el momento se trata, evidentemente, de una injusticia.
Mientras tanto, Ernesto Ruffo está en la cárcel y Rocha Moya está bailando. La Presidenta defiende al que baila y señala que hay muchas pruebas contra el que está en la cárcel. Es la justicia en tiempos de la 4T.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@JUANIZAVALA