Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
La negociación, de Gus Van Sant, recupera un caso de 1977 para reflexionar sobre la desigualdad, el fracaso de la rebelión y la espectacularización
00:01 jueves 6 agosto, 2026
Colaboradores
No bien prueba el refresco, el joven recibe de un hombrecillo anaranjado sonoras cachetadas que resultan en una expresión de éxtasis en su rostro. Suena en off el lema publicitario: “You Know When You’ve Been Tango’d”.
El anuncio de 1992 de la gaseosa británica Tango es considerado no sólo uno de los mejores de la historia sino precursor de la publicidad viral: una andanada de bofetadas no solicitadas en patios escolares acompañaría el crecimiento de 35 por ciento de la marca. Factor clave de su eficacia es la voz del locutor: rugosa pero lúcida, ingeniosa al tiempo que musical, inolvidable. Si lo recuerdo hoy es porque hoy me enteré de a quién pertenece: a Gil Scott-Heron.
El domingo pasado escuché en voz de Gil Scott-Heron -poeta y profeta del Black Power, la contracultura y el cuestionamiento al establishment capitalista- la pieza que lo hiciera icónico en 1971: “The Revolution Will Not Be Televised”. El manifiesto musical en pro de una revolución que no sólo no sería atendida por el complejo industrial mediático sino que emanciparía de él a una sociedad de seres libres acompaña el roller final de La negociación (Dead Man’s Wire en inglés) la nueva película de Gus van Sant sobre el fracaso de toda revolución.
Es 1977. Un hombre de clase media baja (Bill Skarsgård) es esquilmado por una hipotecaria. Ante la sordera de la empresa a sus reclamos, decide secuestrar al director e hijo del dueño (Dacre Montgomery), amenazando con matarlo de no ofrecerle el plutócrata en persona (Al Pacino) la condonación de su deuda y una disculpa pública.
A partir de esa premisa, Van Sant desarrolla un thriller tenso y paroxístico que mucho debe a dos películas de Sidney Lumet sobre el ánimo crispado al punto de lo explosivo de esos años 70 de crisis económica y política y pérdida de ilusiones. Como en Tarde de perros (1976), el ciudadano de a pie se rebela ante un sistema concebido para derrotarlo pero, al hacerlo desde una violencia condicionada por su propia impotencia, pierde. Como en Network (1975), el omnívoro complejo industrial mediático hace de la tragedia un circo, espectáculo que permite concitar el mejor driver de rating: el morbo.
El genio de un Van Sant que retoma aquí un viejo fait divers reside en jugar con las intertextualidades: las fílmicas pero también las de actualidad política. Imposible ver La negociación sin pensar en el reciente asesinato del CEO de United Healthcare, en la actual ira derivada de la actual desigualdad y -a partir del afán protagónico del personaje de Skarsgård- en nuestra complicidad en la espectacularización de toda tragedia hoy que la televisión como medio agoniza ya sólo porque la televisión como forma se ha apoderado de todo con nuestra venia y concurso.
La revolución fue y es televisada.
You know when you’ve been Tango’d!