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Puede haber algo en medio, pero, a la verdad sea dicha, sería preferible ignorarlo porque implica que la tiene, pero no le hace caso
00:10 viernes 1 mayo, 2026
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En todo el escándalo en torno a lo que hubo o dejó de haber en torno a los agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) muertos en Chihuahua en un accidente carretero, tras ayudar a agentes mexicanos en la destrucción de un laboratorio de drogas clandestino, queda clara una cosa: que México carece de una agencia o una oficina de contrainteligencia, o que tiene una que de plano es inservible.
Puede haber algo en medio, pero, a la verdad sea dicha, sería preferible ignorarlo porque implica que la tiene, pero no le hace caso. Porque a decir verdad, el tema del espionaje y el contraespionaje en México no tiene años, tiene décadas.
Que esos agentes de la CIA hayan participado en una operación antinarcóticos tampoco es nuevo, dado el foco actual de las preocupaciones bilaterales, aunque al parecer falta aclarar de parte de quién y de dónde salió la invitación.
Sabemos que ya en 1913 los predecesores de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) estadounidense tenían interceptadas las líneas telegráficas mexicanas para estar al tanto de los movimientos de los Ejércitos revolucionarios; sabemos que una agente nazi, Hilda Kruger, encandiló a muchos políticos mexicanos, incluso al entonces secretario de Gobernación Miguel Alemán, allá a fines de los 30 y principios de los 40.
Las autoridades mexicanas ayudaron a los estadounidenses en su vigilancia de las actividades de agentes soviéticos y cubanos en los 60 y 70, a través de oficinas de la Secretaría de Gobernación como la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales, y que indicios de la participación de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en los asesinatos del periodista Manuel Buendía en 1984 y del agente antidrogas estadounidense Enrique Camarena llevaron a su disolución y la creación en 1989 del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), sustituido en 2018 por el actual CNI.
En principio, ahí debería haber, como hubo en el CISEN o en la DFS, un sector de contrainteligencia o contraespionaje, al menos como un órgano de vigilancia respecto a las actividades de los agentes de inteligencia de otros países. Y esos agentes abarcan el espectro: no sólo estadounidenses, sino rusos –¿qué pasó con la lista de 20 que los estadounidenses pasaron a México hace un par de años?–, cubanos, españoles, chinos, franceses, ingleses, coreanos. Y esos son los que sabemos que hay, sin demeritar los que no tenemos referencias.
Antes hablaba de la Ciudad de México como la Viena de América, por la intensa actividad de espionaje que se registraba, aunque la vecindad con EU lo hacía y, hace atractivo, de paso hacia Cuba o de regreso. El hecho es que había una oficina de contraespionaje que, sin ser perfecta y a veces con abusos, tenía por lo menos una idea de lo que pasaba en el país de forma encubierta.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE