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No, conservadores: pese a sus prejuicios clasistas y a la conmovedora reivindicación de la gastronomía popular que hizo el Ex Quinto Presidente
00:10 lunes 4 mayo, 2026
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Comentaba el otro día el Doctor Patán que la 4T es un movimiento plural e incluyente que, bien lo dijo la compañera Natalia, incluso acepta güeros, como ella. Bueno, pues así como en el movimiento aceptamos la blanquitud, y no pura raza de bronce según algunos podrían suponer, también tenemos en nuestras filas a personas de una gran sofisticación gastronómica. No, conservadores: pese a sus prejuicios clasistas y a la conmovedora reivindicación de la gastronomía popular que hizo el Ex Quinto Presidente Más Popular del Mundo en su sexenio glorioso, no somos una turba simplona y semi agropecuaria de tragadores de tlayudas, deglutidores de tamales y embauladores de gorditas de chicharrón.
Somos, en Morena, mucho más que eso, como en realidad sabemos todos los mexicanos que gustamos de los buenos restaurantes y los que frecuentamos las redes sociales, escenarios constantes, unos y otras, de las tremendas comilonas que se propinan los compañeros de militancia con sana asiduidad. Ejemplos sobran. Tienes a al compañero Pablo pegándole a los vinos de buen nivel en Au Pied de Cochon con su familia; al doctor Monreal gozando del desayuno generoso en jamón ibérico del Villa Magna de Madrid con su señora esposa; a mi Cuau pegándole a los “cortes premium” en el sur de la ciudad, y a mi Mario en el restaurante del Pousada de Lisboa.
Sobre todo, tienes la conexión tan especial que puede presumir mi Andy con las gastronomías del Lejano Oriente, que ilustran esa panzada de sushis que se metió en el hotel Okura de Tokio o, recientemente, esas delicadezas de Singapur que se propinó en el Makan chilango. Claro que mi bodocón es más que un sibarita: es un embajador cultural en Oriente –diplomacia suave, de Tabasco para el mundo– y un traductor de la complejidad civilizatoria asiática para nosotros, los mexicanos. Un faro. Un guía. Arigato gozaimasu, Andy-san. Estos no son sino ejemplos del dominio público, pero su Doctor está seguro de que hay muchos más casos de connaisseurs del bienestar. No lo sé, pero me encanta imaginarme al Serch echándose una cuba de coñaquito XXO y a mi Peter, tan aficionado al St Regis, pasándose el molito con Châteauneuf-du-Pape. O ¿qué piensan ustedes que pide mi Noroña en las salas VIP? ¿Cómo creen que se enjuagaba el sabor a petróleo mi Rocío luego de esas jornadas extenuantes en Dos Bocas? ¿Se acuerdan de esos vinos tan caros en la sofisticada Capri, con todo el clan Yunes? Como parte de su militancia, el Doctor Patán trató de convencer a la señora de la casa de ir el sábado a un encumbrado restaurante de Polanco. “Acaba de cortar la tarjeta, ¿no?”, dije a falta de mejor argumento. “Estamos muy gastados. Oye: ¿cuándo empiezas con el Wegoby? ¿Recuerdas qué te dijo el médico del síndrome metabólico?” Acabé negociando un pollo rostizado. Pero insistiré. POR JULIO PATÁN COLABORADOR @JULIOPATAN09