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Resultó ilustrativo que el aparato de propaganda, bien aceitado por Jesús Ramírez Cuevas, primero justificara el retorno y después se desmarcara
00:01 martes 25 agosto, 2026
Colaboradores
La batalla intestina que se libra dentro de Morena, escaló a niveles no vistos el pasado viernes.
El regreso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, exhibió el tamaño de la disputa interna. Volvió apenas 33 horas al cargo. Lo hizo, no solo con la anuencia, sino siguiendo la instrucción de López Obrador, en una abierta provocación al liderazgo de Claudia Sheinbaum que significó, también, una declaración de guerra al gobierno de EU.
AMLO, desde Palenque, maquinó el regreso. No habría ocurrido sin ese cobijo. El expresidente, molesto por los halagos de la DEA hacia el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y el retiro de la visa de su hijo Andy, dio la instrucción. El gobernador, escondido durante 112 días, dejó su guarida y volvió sin avisar a nadie en el Gobierno Federal. La presidenta se enteró cuando la decisión estaba tomada.
López Obrador desvió el reflector que apuntaba a su hijo, colocó al gobierno mexicano en una incomoda posición frente a Washington, y contaminó el ambiente dentro de Morena.
El expresidente tensó la liga y forzó definiciones. Apenas unos cuantos despistados -como Fernández Noroña- cobijaron a Rocha, algunos más obnubilados por las circunstancias se desmarcaron, pero la gran mayoría guardó silencio.
Estupefactos, morenistas alineados con AMLO, bien colocados en el gobierno de Sheinbaum, pedían línea.
Resultó ilustrativo que el aparato de propaganda, bien aceitado por Jesús Ramírez Cuevas, primero justificara el retorno y después se desmarcara. Confusión. Señales cruzadas.
Aquel viernes había comenzado con un posteo de Sheinbaum en X, donde justificaba su ausencia en la mañanera de ese día. A las 6:01 horas, la presidenta anunciaba que un resfriado y fiebre le impedirían aparecer. Para entonces ya sabía que Rocha volvería.
A las 9:46 horas el gobernador retomó el gobierno. Casi cuatro horas más tarde vino el desmarque de Gobernación, a las 13:28 horas. Poco más de una hora después, a las 14:56 horas, Morena también marcó distancia. A las 15:23 horas, Rocha Moya mandó un videomensaje desde su oficina. Y fue hasta las 18:35 horas que los gobernadores le pidieron recular, tras horas de llamadas, presiones y mensajes cruzados.
Ya el sábado por la mañana, a las 10:39 horas, Sheinbaum envió un mensaje cuyo destinatario fue Rocha, pero sobre todo López Obrador: “por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está la nación”.
Ocho horas más tarde, a las 18:40 horas, el gobernador volvía a pedir licencia.
Sheinbaum dio el manotazo más duro del sexenio. El golpe fue al narcogobernador, pero el mensaje lo dirigió a Palenque.
-Off the record
Agustín Guerrero Castillo, vocero de Morena en Puebla, convertido en censor de lo que se puede o no ver en televisión, haciendo llamados a “no ver TV Azteca”, debería recordar que, para tener la lengua larga, hay que tener cola corta. ¿No recordará que en 2014 fue víctima de un atentado, debido a una relación sentimental? ¿O que un año después, siendo vocero de la campaña de Ricardo Monreal a la Cuauhtémoc, fue detenido tras tomar fotografías de la casa de campaña de José Luis Muñoz Soria, aspirante por el PRD? En aquel momento, los perredistas acusaron allanamiento y abuso sexual, luego de que una mujer señaló a Guerrero Castillo de haberla empujado y, a la vez, haberle hecho “tocamientos”. Desmemoriado.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
@MLOPEZSANMARTIN