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Es temporal la presencia del mandatario estadunidense en la Casa Blanca. Le restan dos años y unos meses a Trump
00:10 martes 26 mayo, 2026
Colaboradores
Washington.- Es un grave error pretender analizar o entender la relación bilateral con Estados Unidos desde la perspectiva de la manera en que gobierna el presidente Donald Trump.
Es temporal la presencia del mandatario estadunidense en la Casa Blanca. Le restan dos años y unos meses a Trump como titular del Poder Ejecutivo de su país y quien lo reemplace impondrá su propio estilo; es decir, borrón y cuenta nueva.
No todo gira en torno a Trump, sí, es un presidente poderoso, el comandante en jefe de una de las fuerzas armadas más imponentes y letales del mundo, pero él no es presidente de México ni él representa ni refleja la manera de pensar ni de actuar de todos los estadunidenses.
Es de sentido común ponderar la posibilidad de que Trump pretenda intervenir en nuestro país para según él acabar con el trasiego de drogas y para ejecutar a todos los narcotraficantes. Este raciocinio emana del hecho de que México no tiene la capacidad para enfrentarse militarmente a Estados Unidos y contener una invasión.
La otra, llevamos ya varias décadas sentados en la sala de espera aguardando que finalmente nuestro gobierno federal nos devuelva la tranquilidad para vivir sin el miedo de ser víctimas de la violencia que por encima de las estadísticas de paz que presume la presidenta Claudia Sheinbaum, priva en casi todos los rincones de nuestra república.
En Palacio Nacional se puede percibir un ambiente de que Sheinbaum quiere devolvernos al México que nos arrebató la violencia relacionada con el narcotráfico y que nos acostumbró a los muertos.
Afuera del recinto presidencial pulula el sentir de que esas intenciones son politiquería porque Sheinbaum sabe y entiende perfectamente que el narcotráfico existe porque hay corrupción gubernamental, policial y militar. La presidenta tiene al alcance la gran herramienta para revertir el ruido en las calles de que protege a políticos y personajes coludidos con capos del tráfico de drogas; especialmente a los de su partido político. Es sentido común que en la sociedad mexicana se infiera eso por el caso del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
También es sentido común deducir en el marco de un escenario hipotético que, si Trump ordena una intervención militar en México para ejecutar a narcos se resuelva en Estados Unidos el problema de la adicción a las drogas. Para acabar con este problema de salud pública y de educación enquistado en la sociedad estadunidense, Trump tendría que actuar al revés. Extirpando primero el tumor canceroso de la adicción a los narcóticos y luego en cooperación con México intentar curar la metástasis de todo lo anterior.
La relación bilateral no es nada más narcotráfico, ni empieza ni termina con Trump ni con Sheinbaum que tienen fecha de caducidad.
Al caminar por las calles de Los Ángeles, Nueva York y Chicago, descubrimos que Trump no es Estados Unidos, que hay ciudadanos de ese país que conviven y bien con los mexicanos. Al caminar por las calles de la colonia Roma en la Ciudad de México y de San Miguel de Allende, en el estado de Guanajuato, por citar dos casos, corroboramos lo que digo en el párrafo anterior. La relación bilateral es convivencia económica, social, cultural y de sentido común.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL