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Ese agregado podría agregar complejidad a las negociaciones, amén de que bien podría afectar una instancia bilateral donde hay una comunicación
00:10 jueves 30 julio, 2026
Colaboradores
Agua, agua, agua... Es un tema casi ignorado, que emerge periódicamente en la relación entre Estados Unidos y México. Pero ahora adquiere nueva importancia, sobre todo por las demandas de legisladores estadounidenses para que el tema sea integrado en las negociaciones de revisión del tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
Ese agregado podría agregar complejidad, y mucha, a las negociaciones, amén de que bien podría afectar una instancia bilateral donde hay una comunicación y colaboración funcionales.
El tema del intercambio de líquido en la frontera no incluye sólo el complicado y siempre cuestionado suministro de agua mexicana a Texas, o el decreciente volumen de agua del río Colorado a México, sino también el casi eterno problema de aguas negras de Tijuana y su flujo hacia costas estadounidenses.
La verdad es que, a pesar de que hay entendimientos y una comunicación más o menos fluida, los problemas de uno y otro país, más la política doméstica en ambos, tienen la capacidad de crear un conflicto mayor.
La noción de que el agua pueda convertirse en un problema real es real, y grave, porque vidas y economías locales dependen de ella en estados mexicanos como Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua y Baja California y Sonora. Pero igualmente en Texas, el estado estadounidense con la frontera más larga con México y, podría decirse también política y económicamente más importante para el país: más de la mitad del comercio bilateral pasa por las aduanas de Laredo, El Paso y otras.
Los texanos se quejan, con cierta razón, de irregularidades, sobre todo temporales, en las entregas mexicanas de aguas convenidas por tratados bilaterales. Pero los mexicanos pueden señalar con tanta razón que las sequías en esa región específica no son solo del lado estadounidense, sino también del mexicano.
Una situación similar pero distinta prevalece en la cuenca del río Colorado, que desemboca en el golfo de California y de la que depende la zona ecológica, las regiones de cultivo y el agua potable de ciudades como Tijuana, San Luis Río Colorado o Mexicali.
El río Colorado está ahora en crisis por la falta de agua y el gobierno estadounidense tiene que malabarear las cantidades que sus estados ribereños pueden usar y la que tiene que entregar a México.
Pero ahora la sequía obliga a un recorte de los volúmenes de agua a entregar.
Y está bien, no hay alternativas.
Pero del lado de Texas puede haber presiones locales que lleven políticamente hambriento al gobernador Greg Abbott a demandar que los legisladores texanos demanden más regularidad en la entrega de las cuotas mexicanas de agua. La inclusión del reclamo en las negociaciones del T-MEC es un golpe: el tema se había mantenido al margen de otras instancias.
Y la verdad es que de ambos lados tendrían que aprender a vivir con cierta escasez del líquido: hay extensos cultivos de cosechas "sedientas", como la caña de azúcar del lado estadounidense y la alfalfa del lado mexicano, para no mencionar otros usos.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1