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México es el primer socio comercial estadounidense. Canadá es el segundo: entre los dos, son más de 1.5 millones de millones de dólares en intercambio
00:10 jueves 27 agosto, 2026
Colaboradores
La ruptura de negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá y el evidente distanciamiento político entre los dos vecinos pueden tener consecuencias mayores que las aparentes.
Porque el problema va más allá del intercambio de bienes y servicios y golpea la confianza mutua en las relaciones entre los dos países anglosajones del continente americano.
La frecuentemente ofensiva retórica del presidente Donald Trump, alimentada al parecer por una serie de fracasos políticos, llevó a lo que los canadienses consideran como excesivamente agresivas e inaceptables demandas en la renegociación del acuerdo comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), ahora transformado en trabajos hacia acuerdos bilaterales.
México es el primer socio comercial estadounidense. Canadá es el segundo: entre los dos, son más de 1.5 millones de millones de dólares en intercambio.
En el caso de Canadá, se trata además de una brutal fractura, sin sentido y difícil de resanar, de la más antigua alianza político-militar de Estados Unidos.
Para la historiadora Heather Cox-Richardson, "puede que el nuevo ataque de Trump contra Canadá carezca de sentido económico o político para Estados Unidos, pero parece tener sentido para un presidente en decadencia".
Para el analista Tom Nichols, en un reciente artículo en The Atlantic, parte del problema es que Trump busca reafirmar su fuerza, su dominio: "No se atreve a enfrentarse a los líderes que realmente amenazan a Estados Unidos, como (el ruso Vladimir) Putin, el chino Xi Jinping o el norcoreano Kim Jong Un".
En cambio, intenta sentirse mejor "golpeando a los aliados de Estados Unidos, a las naciones a las que puede castigar sin temor a que le devuelvan el golpe".
Canadá ha sido uno de los blancos favoritos de Trump, que desde principios de su actual gobierno pareció especialmente interesado en ofender a la nación norteña con la noción de que deberían ser el estado 51, una idea ridícula para la mayoría de los canadienses.
Trump ha insistido además en que sus vecinos "abusaron" de los estadounidenses para llevarse fábricas y partes de las cadenas de producción, y ha buscado imponer aranceles de hasta 50 por ciento en algunos productos.
El primer ministro canadiense Mark Carney consideró que las demandas estadounidenses están fuera de lugar y amenazó con responder con aranceles propios, "dólar por dólar".
El rechazo canadiense se basa también en un sentimiento de traición: en los últimos cien años apoyaron a Estados Unidos en todas, o casi todas, sus guerras, en muchas situaciones de todo tipo: desde Corea hasta Afganistán, protegieron a diplomáticos estadounidenses durante la toma de los rehenes en Teherán, en 1979; abrieron sus aeropuertos a los aviones que debieron desviarse por el cierre del espacio aéreo de su vecino tras los atentados del once de septiembre de 2001.
El punto es que para el presidente Donald Trump tal vez sea un punto político y una táctica de negociación. Para los canadienses es la ruptura de un lazo de confianza en la palabra de su vecino.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1