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La deserción escolar: un desafío que San Luis Potosí no puede postergar
00:01 jueves 19 febrero, 2026
Colaboradores
En San Luis Potosí, como en muchas otras regiones de México, la escuela deja de ser un espacio seguro para miles de jóvenes que, por diversas razones, abandonan sus estudios. La Secretaría de Educación del Estado, a través de su titular Juan Carlos Torres Cedillo, ha reconocido que la población escolar ha disminuido un 3 por ciento durante la presente administración. Aunque en apariencia pueda parecer un número pequeño, representa cientos de estudiantes cuya trayectoria educativa se interrumpe prematuramente, con consecuencias que se extienden mucho más allá de las aulas.
Lo preocupante es que esta tendencia no muestra señales de revertirse. La meta institucional es mantener la reducción por debajo del 1 por ciento, pero las cifras actuales reflejan un riesgo claro: más de 150 primarias podrían ser derivadas al Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) por contar con menos de 10 alumnos. Sorprendentemente, la mitad de estos planteles se encuentra en la zona Metropolitana, lo que evidencia que la deserción no solo es un fenómeno rural o aislado, sino un problema que también impacta a las ciudades.
Las causas son múltiples y complejas. El abandono escolar tiene raíces económicas, familiares y académicas. Muchos jóvenes, sobre todo en niveles de educación media superior, dejan la escuela para incorporarse al mercado laboral y contribuir al sustento de sus familias. A esto se suman el bajo rendimiento, el rezago educativo, el embarazo adolescente y la falta de acompañamiento escolar. Cada uno de estos factores, por sí solo, puede desmotivar al estudiante; combinados, forman una barrera casi insalvable para la permanencia educativa.
El panorama se agrava en la educación media superior, donde la tasa de deserción alcanza el 10.6 por ciento, una de las más elevadas del país. En comparación, los niveles básicos muestran relativa estabilidad: la primaria registra cifras cercanas a cero y la secundaria alrededor del 1.6 por ciento. Esta diferencia evidencia que los problemas de continuidad se concentran en etapas donde los jóvenes enfrentan decisiones críticas sobre su futuro y donde la presión económica y social se hace sentir con mayor intensidad.
No atender esta problemática tendría consecuencias profundas a largo plazo. Una población joven con educación incompleta se enfrenta a mayores riesgos de desempleo, trabajo informal y pobreza crónica. La economía local pierde potencial creativo y productivo, y la brecha social se ensancha. Además, se incrementan los riesgos asociados con la marginalidad, la violencia y la exclusión, configurando un círculo que perpetúa la desigualdad generacional.
San Luis Potosí, al igual que México, necesita políticas públicas que actúen de manera integral: apoyo económico a familias vulnerables, programas de acompañamiento y tutorías, estrategias de retención escolar y campañas de sensibilización sobre la importancia de la educación. Cada estudiante que abandona la escuela no es solo un número, es un talento potencial que se desvanece.
La deserción escolar no es un fenómeno inevitable; es un desafío que requiere atención urgente y acción coordinada. Si la sociedad y las autoridades no logran frenar esta tendencia, el costo será mucho mayor que los recursos necesarios para prevenirla. La educación no es solo un derecho, sino la inversión más estratégica que puede hacer un estado para garantizar un futuro justo, productivo y seguro para todos.