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El impredecible estilo de gobierno de Trump y sus necesidades políticas, domésticas y externas, complican la que es una relación enrevesada
00:01 sábado 17 enero, 2026
Colaboradores
La marca de las relaciones entre Estados Unidos y México en 2026 será la continua presión que el gobierno del presidente Donald Trump ejercerá sobre su contraparte mexicana, en gran medida en base a la situación del acuerdo de comercio México-Estados Unidos--Canadá (T-MEC).
El impredecible estilo de gobierno de Trump y sus necesidades políticas, domésticas y externas, complican la que normalmente es una relación enrevesada.
La panoplia de palancas que el régimen Trump puede usar va más allá de la que para el gobierno mexicano es la brutal amenaza del retiro del T-MEC, que serían acompañados por nuevos aranceles, un mayor empuje en la deportación masiva de residentes indocumentados y la posibilidad del abierto uso de efectivos militares en misiones antidrogas.
De acuerdo con The New York Times, de hecho el gobierno Trump presiona para que la presidenta Claudia Sheinbaum acepte que miembros de las Fuerzas Especiales o de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) acompañen a los soldados mexicanos en misiones antidrogas.
El permiso mexicano tendría precedentes en la presencia más o menos abierta de agentes antinarcóticos estadounidenses junto a soldados mexicanos en misiones antidrogas, así como en la colaboración con información de inteligencia.
En ese marco, los irritantes en la relación son numerosos, desde el punto de vista del gobierno Trump. Van lo mismo de las preocupaciones ligadas a temas comerciales, sea por cuestiones legales y confiabilidad en el sistema judicial, que por el respaldo al gobierno de Cuba a través de la contratación de médicos o los envíos de petróleo, así como la tradicional postura anti-intervencionista de la política exterior mexicana.
La preocupación es suficiente para que casi un centenar de representantes (diputados) estadounidenses haya presentado una propuesta de ley para prevenir que el gobierno Trump se lance en una "guerra no autorizada" en México.
El autor de la proposición, el diputado texano Joaquín Castro, subrayó que “una guerra con México, ya sea autorizada o no, pondría en riesgo la vida de estadounidenses y mexicanos y arruinaría la relación de Estados Unidos con nuestro socio comercial más importante”, amén de ser una acción desestabilizadora que acabaría por afectar seriamente a la propia nación.
"Una acción unilateral contra México sería desastrosa", advirtió Castro, que recordó la necesidad legal de autorización por el Congreso.
Lo cierto, también, es que como dice el refrán, "no hay borracho que coma lumbre". Trump, pescador a río revuelto y amante del caos como es, probablemente no iría más lejos en ese sentido que la demanda de una participación más abierta en la lucha antidrogas mexicana. Las presiones comerciales, sin embargo, no cederían.
Pero dado su estilo de hacer política, y la calidad de algunos de sus consejeros, nadie está seguro de qué tan lejos puede llegar.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE