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¿Tiene México algo que celebrar tras este triunfo demócrata?
00:26 viernes 6 noviembre, 2026
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Hace un par de años todo el mundo fue testigo del ascenso indiscutible de Donald Trump al poder de los Estados Unidos. El seguimiento de esa elección resultó una auténtica cosa de locos, pues no alcanzábamos a comprender cómo un personaje con un perfil tan cuestionable ostentaba tanto arrastre entre la gente, incluso con el votante latino. Fue una sacudida estrepitosa para el bloque demócrata, y fuimos testigos de cómo el elefante rojo iba demarcando el mapa en la mayoría de los estados de la nación más poderosa del planeta. El idilio duraría apenas dos años -y el declive sigue en picada-. Los aranceles, la guerra, el ICE y la economía son temas que los votantes simplemente no perdonaron; siguiendo la encomienda del mismo mandatario de "voten como si yo estuviera en la boleta", no solo le dieron la espalda, sino que le propinaron golpe tras golpe; en el Senado, en la Cámara y en las gubernaturas. No hubo un momento -mire que seguí la elección en todo momento- en que la victoria demócrata se viera en riesgo. No les vieron ni el polvo, y no solo arrebataron escaños, sino que conquistaron bastiones de una firme y fiera tradición republicana. ¿Y esto qué podría significar? ¿Acaso Trump ya no podrá hacer lo que le plazca? ¿Tiene México algo que celebrar tras este triunfo demócrata?
Lo cierto es que el debate da para varios días y el tiempo se encargará de dictar sentencia. Personalmente, en el terreno político visualizo a un presidente Trump que buscará allanar el camino rumbo al 2028, y para conseguirlo habrá de cosechar logros tangibles en cada tarea cumplida que logren emparejar el ánimo político de los estadounidenses. ¿Terminará la guerra? Lo ignoro por completo. Mire que yo soy de los que piensa que Irán no es precisamente una perita en dulce -refiriéndome, claro está, al régimen de los ayatolas-, y algo habría que hacer ante cualquier abuso de poder ejercido en muchas otras latitudes del globo, un vicio que el propio Trump puede personificar. Sin embargo, ha sido un conflicto que le ha costado exorbitantemente caro al ciudadano estadounidense debido a una pésima gestión; cerrar un estrecho abierto al petróleo y encarecer los combustibles generó profunda animadversión en votantes que hoy deben costear una guerra a cambio de no poder surtir su despensa ni costear la carne en el supermercado. En el caso de México tampoco es motivo para echar campanas al vuelo. Los demócratas votaron en contra de Trump, pero en muchos estados donde resultaron victoriosos coinciden plenamente con posturas republicanas en torno al ingreso al país y al derecho al voto. Además, y como un dato crudo para quienes con alegría resaltan una supuesta frontera azul entre Estados Unidos y México, la nada alentadora realidad es que con los demócratas nos deportan más.
Pero por otra parte, y apartando momentáneamente el tema político, me gustaría abrir otra perspectiva mucho más amable y esperanzadora sobre lo sucedido en las elecciones estadounidenses, la cual debería constituir una valiosa lección que aprender -no de los políticos que triunfaron en las urnas, ni de un Trump que acudió a respaldar a sus candidatos sin saber, o tal vez sí, que se convertía en el blanco principal del voto de castigo contra el frente republicano-: me refiero a la democracia. Democráticamente, la elección en Estados Unidos reflejó el hondo descontento de una nación que le dijo "no" a alguien que ha conducido pésimamente el rumbo y que ha dado amagos claros de erigirse como el único depositario del poder absoluto. En un mundo que oscila peligrosamente entre Bukele y Maduro, entre Ortega y Petro, entre Putin, el chino, Kim, el propio Trump, la derecha y la izquierda, una democracia bien ejercida tendría que ser la mejor lección de todas. La moraleja, si usted me apura, me deja un sabor incierto respecto a nuestro panorama como mexicanos; en la esfera política las cosas bien pueden seguir igual, mejorar o empeorar, eso ya lo constataremos. No obstante, en un contexto tan desolador como el que padece nuestro INE, resulta profundamente frustrante lo mucho que distamos de poseer, al igual que los estadounidenses con el Tío Sam, la libertad y la confianza de decir: "sabes qué, muchas gracias por participar; el que sigue".