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Y si las muestras están en lo correcto, será culpado de los problemas del partido
00:01 miércoles 4 noviembre, 2026
Colaboradores
WASHINGTON. Para muchos analistas estadounidenses, demócratas y republicanos, las elecciones de medio término pueden ser un largamente esperado repudio electoral del presidente Donald Trump y sus políticas.
Cuando el propio Trump pidió a mediados de septiembre que los candidatos republicanos lo pusieran en el centro de sus campañas electorales para los comicios del 3 de noviembre, probablemente nunca imaginó que esa decisión lo haría el culpable designado de la que según las encuestas puede ser una brutal derrota.
Y si las muestras están en lo correcto, será culpado de los problemas del partido.
"Los líderes políticos que promueven la brutalidad de manera implacable rebajan los estándares de una nación, al menos durante un tiempo. Sin embargo, si tenemos suerte, también despiertan su conciencia", precisó Bill Kristol, un reputado analista conservador en The Bulwark.
De acuerdo con todas las previsiones, los republicanos perderán su mayoría en la Cámara de Diputados, muy por encima de las seis curules que los demócratas necesitan; en el Senado, las encuestas apuntan a que los demócratas obtengan tantos como seis escaños hasta ahora detentados por republicanos.
Para Nate Silver, un famoso especialista en análisis de probabilidades, en buena parte de las previsiones los demócratas superan ya las posibilidades de empate estadístico, incluso en estados tradicionalmente republicanos, como Kansas y Texas.
Para Peter Wehner, un analista conservador, "es hora de pagar consecuencias".
Trump no solo logró que los republicanos lo siguieran sin casi oposición, sino también designó candidatos con base mas en su declarada fidelidad que en su capacidad. Y no parece ayudarlos en el actual ciclo electoral.
En un texto publicado por la revista The Atlantic, Wehner consideró que "es posible que el ajuste de cuentas contra el movimiento MAGA (Hacer grandes otra vez a Estados Unidos) haya comenzado por fin, aunque mucho más tarde de lo que debería haber ocurrido".
De hecho, recordó Silver, nunca se había dado que los candidatos de un partido opositor se encuentren tan bien posicionados en tantos estados generalmente seguros para sus rivales.
Es más, afirmó el también conservador Kristol, "no se trata solo del Senado y la Cámara de Representantes. Los demócratas parten como favoritos en la contienda por la gobernación de Ohio, mientras que en Texas, Georgia y Florida el resultado es incierto.
Si logran ganar en estos tres estados, los demócratas controlarían las gobernaciones de los catorce estados más grandes del país. Pero incluso si solo consiguen ganar en Ohio, pasarían a controlar once de esos 14 estados.
Las implicaciones son serias y marcarían tal vez el fin del férreo control del "trumpismo" sobre el Partido Republicano y la política estadounidense. Pero falta la opinión de los votantes.
Por José Carreño Figueras