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Cualquier desliz se corregía con rapidez, se sacrificaba al responsable y la imagen del poder permanecía intacta
00:10 sábado 18 julio, 2026
Colaboradores
En la época del PRI nadie se salía del guacal. Todos eran disciplinados y para no dañar al “sistema”, y mucho menos al Presidente, los políticos eran un fusible o un pañuelo desechable.
Cualquier desliz se corregía con rapidez, se sacrificaba al responsable y la imagen del poder permanecía intacta. Esa lógica, por autoritaria que fuera, garantizaba cohesión y evitaba espectáculos públicos que erosionaran la autoridad.
Hoy, con Morena en el poder la realidad es distinta. Cada quien hace lo que le viene en gana. Faltan disciplina, reglas, liderazgo, límites, castigos y un manotazo en la mesa que imponga orden.
Se entiende la lucha por el poder y que las fuerzas internas se agiten cuando se aproximan elecciones. Sin embargo, lo que ocurre en Baja California rebasa cualquier disputa legítima: el ex gobernador y la gobernadora actual protagonizan un espectáculo terrible de confrontaciones públicas, acusaciones y divisiones que exponen a Morena.
Su lideresa Ariadna Montiel y la misma Presidenta no han actuado con la determinación necesaria para contener el desorden. Si estos problemas tienen origen en el pasado reciente, corresponde al expresidente López Obrador resolverlos, ejerciendo la autoridad moral que aún conserva dentro del movimiento.
Lo más grave es el daño que esta falta de control inflige a la relación con Estados Unidos. México enfrenta la renegociación del T-MEC en las peores condiciones imaginables, mientras Donald Trump observa y con toda probabilidad, se ríe de nuestras divisiones.
Cada día de caos partidista debilita nuestra posición negociadora y proyecta una imagen de inestabilidad que ningún país serio puede darse el lujo de mostrar.
Aun más preocupante resulta la actitud de la oposición. En lugar de aprovechar la situación con análisis serios, propuestas concretas y una narrativa que conecte con la ciudadanía, se limita a publicar memes, a señalar narcogobernadores y a lanzar acusaciones sin construir una alternativa creíble.
No capitaliza el momento, no une fuerzas y no traduce el desgaste del oficialismo en apoyo electoral real.
¿Cómo quedaría entonces la oposición si Morena vuelve a ganar la gubernatura de Baja California después de este capítulo de nuestra tragicomedia mexicana? Quedaría muy mal parada.
Habría tenido en bandeja una oportunidad histórica para erosionar el apoyo morenista en un estado clave y demostrar capacidad de gobierno.
Al no aprovecharla, confirmaría su irrelevancia estratégica: seguiría atrapada en críticas superficiales, memes y falta de liderazgo, mientras Morena, pese a sus fisuras, retendría el poder gracias a su estructura y su base electoral.
Sería otro episodio más de oportunidades desperdiciadas que refuerzan la percepción de que solo existe un partido con capacidad real de competir y gobernar.
La oposición tiene un penalti sin portero. ¿Podrá meter gol?
COLOFÓN:
*Otra vez BC: el primer gobernador de oposición está detenido.
*Ernesto Ruffo está acusado por huachicolero.
*¿Y ahora qué dirá el PAN? ¿Todos son iguales?