Vínculo copiado
El gobierno de Cuba está bajo una enorme presión económica del gobierno de Donald Trump y se ha mostrado abierto a negociar
00:10 miércoles 15 julio, 2026
Colaboradores
La posibilidad de un restablecimiento de relaciones entre México y Perú sería una señal discreta, pero importante, de una nueva tendencia hacia el pragmatismo a esperarse en la Secretaría de Relaciones Exteriores y la conducción de la política exterior mexicana.
Tanto la mandataria electa del Perú, Keiko Fujimori, como la presidenta Claudia Sheinbaum, de México, se han declarado abiertas al restablecimiento de unas relaciones interrumpidas a partir de cuestiones ideológicas y hasta simpatías personales de dos exmandatarios.
La determinación, que aún está por concretarse, es tanto más importante porque las dos se encuentran en rincones ideológicos opuestos –Fujimori a la derecha y Sheinbaum a la izquierda– y porque parece una señal de pragmatismo importante: ambos países son miembros de la Alianza del Pacífico, en la que participan también Chile –ahora bajo el derechista José Antonio Kast– y Colombia, que pronto estará bajo el mando del derechista Abelardo De la Espriella.
La relación de Sheinbaum con Kast no ha sido particularmente afectuosa, toda vez que cuestionó los vínculos del chileno con grupos afines al fallecido dictador Augusto Pinochet, pero tampoco ha rechazado los vínculos entre los dos países.
En el caso de Colombia, la presidenta Sheinbaum tardó una semana en anunciar el reconocimiento mexicano a la victoria electoral de De la Espriella y proponer mejores vínculos comerciales. Sheinbaum era considerada como una aliada del aún presidente izquierdista Gustavo Petro y, por tanto, una de las perdedoras con la derrota de Ivan Cepeda.
La formulación, con todo, muestra un cambio hacia el pragmatismo, sobre todo frente a lo que muchos ven como una ola derechista auspiciada tanto por los propios errores de los gobiernos de izquierda como por el empuje del gobierno de Donald Trump, en Estados Unidos.
Los regímenes de izquierda en la región parecen más y más aislados: el gobierno de Venezuela está literalmente acotado por Washington, la tragedia provocada por los recientes terremotos, y el arresto/secuestro en enero del presidente Nicolás Maduro, hoy a la espera de juicio por narcotráfico en Nueva York.
El gobierno de Cuba está bajo una enorme presión económica del gobierno de Donald Trump y se ha mostrado abierto a negociar.
El presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil ha dado también muestras de pragmatismo en sus acercamientos con los nuevos regímenes derechistas. En octubre hay elecciones presidenciales y da Silva, que es candidato, no tiene asegurada la reelección frente al derechista Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
La ola de derecha es una realidad y habría que recordar que tanto Sheinbaum como su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, fueron declarados en su momento "persona non grata" en Perú, aquel en 2022 por su apoyo a Pedro Castillo, destituido por el Congreso peruano, y Sheinbaum en 2025, a raíz de la concesión de asilo político a la exprimer ministra Betssy Salgado.
Ahora, el posible acercamiento con los nuevos gobiernos de Perú y Colombia implica realismo. Pero los resultados están por verse.