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No le falta razón a Zepeda Patterson en su análisis de “Ni venganza ni perdón”, las memorias de Julio Scherer Ibarra
00:11 domingo 22 febrero, 2026
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No le falta razón a Zepeda Patterson en su análisis de “Ni venganza ni perdón”, las memorias de Julio Scherer Ibarra, ex consejero jurídico de AMLO, cuando dice que la aportación más importante del libro es el retrato en primer plano, de cerquita, del supremo líder de la 4T. El libro, escrito con Jorge Fernández Menéndez, que hace un notable trabajo como entrevistador y editor, ha formado un entendible escándalo por los zambombazos que dirige Scherer a varios de los “hombres del presidente”, es decir, de los colaboradores más cercanos de AMLO, particularmente los de la línea “dura”. El caso más sonado es el de Jesús Ramírez Cuevas, que aparece aquí como mucho más que el padre fundador de esa corte de los milagros de los “reporteros” de las mañaneras, y encargado de formar la red de medios, públicos o pagados marrulleramente con dinero público, que se encargaron y encargan de ensalzar la figura presidencial y, al mismo tiempo, de agredir a las voces disidentes. El Ramírez de “Ni venganza ni perdón” es señalado por la operación de 27 mil millones para el Sindicato Mexicano de Electricistas, que ya había sido indemnizado, o por meter al gobierno nada menos que al rey del huachicol, Sergio Carmona, encargado de financiar varias campañas chairas antes de su asesinato. Pero tampoco se va limpio Bartlett, un troglodita ideológico responsable del desastre energético del sexenio; ni Adán Augusto, un secretario de Gobernación más que mediocre y un gobernador más que dudoso; ni Rutilio Escandón, un Peje “región cuatro”; ni el repelente López-Gatell; ni Álvarez-Buylla; ni Olga Sánchez Cordero, ni, sobre todo, Gertz Manero. Esa, repito, es la parte más sonada del libro, y se entiende. Constituye, si no eres alguno de los cantores de la pureza cuatroteísta –están todos de los nervios, habrán visto–, una lectura adictiva, por la balconeada del gabinete y anexas. Sin embargo, y vuelvo al inicio, el retrato en primer plano de Obrador es de un considerable valor periodístico y hasta histórico, no por las razones que supone Zepeda. El AMLO de esta historia es, hay que decirlo, el amigo de Scherer, que lo dice categóricamente y que no regatea elogios: lo ve como un misionero, como un hombre de una fidedigna incorruptibilidad y como un auténtico primera espada de la causa de los desposeídos. ¿Es discutible? Y lo que le sigue. Pero, al margen de ello, con Scherer la imagen pejista queda también muy raspada. Ignorante de la economía global, manipulable pese a su intransigencia y su vocación de iluminado, implacable con quienes le dejan de parecer útiles, el presidente de este libro es un hombre lleno de errores y rodeado de impresentables, todo por decisión propia. Estamos ante un retrato minucioso y devastador del poder absoluto. Y sí, el chisme está buenísimo. Léanlo. POR JULIO PATÁN COLABORADOR @JULIOPATAN09