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Pero los aniversarios también sirven para mirar hacia adelante. Y los 110 años encuentran al Atlas ante una nueva etapa
00:01 viernes 21 agosto, 2026
Colaboradores
Hay equipos que se explican por sus títulos y hay otros cuya dimensión trasciende las estadísticas. Atlas pertenece, sin duda, al segundo grupo. A 110 años de su fundación, el club rojinegro celebra una historia que va mucho más allá de sus campeonatos: una identidad profundamente arraigada en Guadalajara, una de las aficiones más fieles del futbol mexicano y una tradición formativa que convirtió a La Academia en una referencia nacional.
Pero los aniversarios también sirven para mirar hacia adelante. Y los 110 años encuentran al Atlas ante una nueva etapa, marcada por la llegada de Grupo PRODI y por una visión que busca llevar al club hacia una dimensión distinta, sin desprenderlo de aquello que lo hace único.
La nueva dirigencia ha planteado una ambición que merece ser tomada en serio: construir un Atlas con mayor proyección internacional, fortalecer su estructura deportiva y comercial, invertir en infraestructura y tecnología y, al mismo tiempo, mejorar la experiencia de quienes sostienen al club desde las tribunas.
La clave estará en conseguir que esas distintas dimensiones no funcionen como proyectos separados, sino como partes de una misma estrategia.
Porque internacionalizar al Atlas no significa convertirlo en un club genérico. Tampoco significa abandonar Guadalajara en nombre de una expansión global. El verdadero desafío consiste en hacer precisamente lo contrario: convertir la identidad rojinegra en un activo capaz de trascender las fronteras.
Pocos clubes mexicanos tienen una historia tan reconocible como la del Atlas. La Academia, su tradición de formar jugadores, los colores rojinegros, el Estadio Jalisco, Guadalajara y, por supuesto, La Fiel conforman un patrimonio que no puede construirse mediante una campaña de marketing. Existe porque ha sido construido durante generaciones.
La visión de Grupo PRODI puede encontrar ahí una de sus mayores oportunidades.
Un proyecto internacional exitoso para Atlas tendría que partir de su propia personalidad. Desarrollar academias, establecer alianzas internacionales, aprovechar nuevas tecnologías, profesionalizar áreas comerciales y generar contenidos para audiencias fuera de México puede ampliar considerablemente el alcance de la marca. Pero el objetivo no debería ser que Atlas deje de parecer un club tapatío para convertirse en una marca global.
Debería conseguir que alguien en otra parte del mundo quiera conocer Guadalajara precisamente porque existe el Atlas.
Ese proceso también pasa necesariamente por la cancha. Una institución deportiva no puede construir una gran marca internacional si su principal producto -el equipo- no tiene aspiraciones competitivas. El reto para la nueva dirigencia será convertir los recursos y la estructura en un proyecto deportivo capaz de competir regularmente por títulos y de disputar con ambición los torneos internacionales.
El campeonato de 2021 y el bicampeonato de 2022 demostraron que Atlas puede llegar a la cima. La verdadera prueba de madurez institucional consiste en conseguir que llegar ahí deje de ser un acontecimiento extraordinario.
Para ello, La Academia puede volver a ser uno de los pilares fundamentales.
La formación de futbolistas es parte del ADN rojinegro y puede convertirse en una ventaja competitiva enorme en un mercado en el que los clubes necesitan combinar talento propio, inteligencia deportiva y capacidad para desarrollar jugadores. Un Atlas que forme futbolistas para su primer equipo, genere talento exportable y construya vínculos con academias internacionales tendría la posibilidad de convertirse no solamente en un equipo competitivo, sino en un verdadero centro de desarrollo futbolístico con alcance continental.
Pero hay otra dimensión que será determinante: la relación con su afición.
La Fiel constituye uno de los activos más valiosos del club y, probablemente, uno de los más difíciles de replicar. Su vínculo con Atlas no nació de una sucesión de campeonatos, sino de décadas de pertenencia. Por eso, la nueva visión deberá entender al aficionado no solamente como consumidor, sino como parte fundamental de la institución.
Mejorar la experiencia en el estadio, generar nuevas formas de interacción, fortalecer la comunicación con los seguidores y construir espacios para que las nuevas generaciones se incorporen al universo rojinegro serán tareas tan importantes como cualquier fichaje.
A los 110 años, el club tiene algo que ninguna administración puede comprar: una historia. Pero la historia, por sí sola, tampoco garantiza el futuro. El legado solamente tiene sentido cuando sirve como punto de partida para algo nuevo.
La visión de Grupo PRODI llega, por ello, en un momento particularmente relevante. Tiene ante sí la posibilidad de tomar una institución centenaria y convertirla en un referente moderno del fútbol mexicano: competitivo en la cancha, sólido empresarialmente, innovador en su gestión, conectado con el mundo y profundamente arraigado en Guadalajara.
No se trata simplemente de administrar los próximos años del Atlas. Se trata de decidir qué significará ser rojinegro durante las próximas décadas.
Después de 110 años, Atlas ya no tiene que demostrar que puede sobrevivir. Tampoco necesita vivir eternamente de la épica de sus títulos o de la nostalgia de su pasado.
El siguiente paso es mucho más ambicioso: construir una institución que haga del futuro una parte tan importante de su identidad como lo ha sido su historia.
Porque La Academia puede seguir siendo La Academia y, al mismo tiempo, convertirse en un club de dimensión internacional.
Ese podría ser el verdadero legado de los próximos 110 años.
POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS