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Hemos vuelto al ciudadano un electorado profundamente apasionado de la cifra rápida
00:01 viernes 21 agosto, 2026
Colaboradores
Es casi un ejercicio de ironía trágica que, mientras las calles siguen demandando atención y el abandono institucional en las corporaciones municipales es un secreto a voces, el INE aprueba un Anteproyecto de Presupuesto para 2027 que supera los 31 mil 400 millones de pesos. Más de 10 mil millones irán directo al financiamiento de partidos políticos, además de una partida precautoria de más de 4 mil millones para consultas o revocaciones. Es claro que la prioridad hoy del político en México es cuidar el curul, sostener la estructura y alimentar la maquinaria electoral. En los debates televisados, en el Senado y a las afueras de las cámaras -donde la política no pasa de ser un pleito de banqueta-, los números se lanzan como pedradas. Vea cómo el uso de la palabra en el Congreso se utiliza hoy, además de insultos, para escupir una cifra, acomodada y a conveniencia, a ver si atina a la viralidad en redes sociales, con la esperanza de debilitar un pelín al del chaleco de otro color que no sea el mío. La calidad del diálogo en el recinto donde se toman las decisiones está evidentemente perdida.
El problema, amable lector, es que, en esa diaatriba de datos a conveniencia, hemos vuelto al ciudadano un electorado profundamente apasionado de la cifra rápida, pero poco dado a preguntar y a exigir cuentas. Nos encanta el número que confirma nuestro sesgo y nos aplaca la duda, sin ponernos a pensar en las grietas tan profundas que somos nosotros mismos los que otorgamos valor a la información y somos responsables -más grave aún- del uso que le damos a ella. Hace unos días revisaba el estudio más reciente de la organización Causa en Común sobre las estadísticas oficiales en el país, y el caso local deja ver con mucha claridad este fenómeno. En San Luis Potosí, por ejemplo, las cifras oficiales del primer semestre de 2026 muestran un descenso notable del 79% en los homicidios dolosos. A primera vista, la cifra impacta y se presta para el aplauso o la medalla; el bombo y el platillo. Pero cuando uno rasca la superficie metodológica, encuentra que en ese mismo periodo las víctimas en la categoría de "otros delitos contra la vida" sumaron 136 casos, frente a solo 30 homicidios dolosos. ¿Qué significa realmente ese contraste? ¿Responde únicamente a ajustes metodológicos y vacíos jurídicos, o hay un desplazamiento atípico entre categorías que merecería una explicación más rigurosa? O bien, ¿cómo interpretar que mientras el INEGI registró en 2025 más de 360 defunciones por homicidio en la entidad, los reportes de las fiscalías al Secretariado Ejecutivo contabilizaron una cifra significativamente menor, abriendo una brecha superior al 70% entre ambas fuentes oficiales?
Plantear estas dudas no equivale a acusar a ciegas ni a desacreditar por el simple gusto de señalar; significa exigir rigor. Y ahí es donde el ciudadano tiene que asumir su cuota de responsabilidad. Vivimos saturados de información, de boletines endulzados y de gráficos diseñados para la foto; hoy ya incluso se ha puesto de moda facilitar un riguroso estudio pidiéndole al chatgpt una infografía bien chula pa' pegarle al de color guinda, verde, azul o naranja. A todos menos al de acá. No obstante, recuerde que el político no es político sin el voto de confianza de la gente, pero se envalentona y se acomoda cuando el ciudadano olvida exigir cuentas claras y se conforma con el color de la camiseta. Puede tomar la siguiente afirmación como un arrebato poético, pero dudar es también una forma de libertad. Al final, cuestionar es saludable y urgente en una democracia, especialmente ante la avalancha de datos que nos inundan a diario; por ello, convendría detenernos un segundo antes de compartir, aplaudir o indignarnos. Preguntémonos: ¿de dónde viene este dato?, ¿qué está omitiendo la gráfica?, ¿cómo se compara con otras fuentes?, ¿hay manera de verificarlo? Al final del día, las estadísticas no son trofeítos de campaña para el relevo o la continuación de una fuerza política; debieran ser radiografías de la realidad. Y si no aprendemos a leerlas con sentido crítico, el político seguirá alisando la corbata y cuidando el peluquín, mientras pasa horas en el curul -si es que fue a la sesión- planeando vender espejitos a precio de vidas en las calles.