Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Y está bien. Son dos países con economías importantes, que han sido competidores políticos en el pasado y se identifican como regímenes de izquierda
00:01 viernes 21 agosto, 2026
Colaboradores
El despliegue de simpatía y afinidades entre los gobiernos de México y Brasil continúa con enorme alegría en vísperas, por decirlo así, de las elecciones presidenciales del cuatro de octubre en el país sudamericano.
Y está bien. Son dos países con economías importantes, que han sido competidores políticos en el pasado y que se identifican como regímenes de izquierda frente a la oleada derechista que hoy recorre el hemisferio occidental.
La reciente videollamada entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su contraparte, Luiz Inácio Lula da Silva, así como la visita que recién efectuó por su parte el canciller Roberto Velasco, dan muestra de la disposición mutua en este segundo capítulo del gobierno de Lula da Silva y el regreso del Partido de los Trabajadores al poder en Brasilia.
No es nuevo. Durante el gobierno del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, hubo un abierto acercamiento y se resucitó la Conferencia de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), un grupo postulado por Da Silva en 2008 y formalmente lanzado en 2011 que busca la integración latinoamericana a partir de una visión de izquierda.
Las relaciones bilaterales, sin embargo, cambiaron sustancialmente durante el gobierno del derechista Jair Bolsonaro (2019-23), cuando Brasil abandonó la CELAC. Pasaron, en palabras de un diplomático mexicano, a ser simplemente "correctas pero lejanas".
Ahora, la simpatía entre los dos gobiernos es evidente.
En el marco de la conversación en la que Sheinbaum y Da Silva destacaron los acercamientos en materia económica, especialmente energética, hay una para México importante colaboración para la exploración y explotación de petróleo en aguas profundas del Golfo de México entre sus empresas gubernamentales, PEMEX y Petrobras.
El Memorando de Entendimiento respectivo fue firmado en junio pasado y refrendado durante la gira de Velasco.
El desarrollo es positivo en términos generales y particulares. Los dos países tienen recursos minerales y plantas industriales importantes.
Uno, México, se ha concentrado esencialmente en sí mismo y sus intereses frente a un mundo frecuentemente desfavorable; el otro, Brasil, ha mantenido una enorme presencia externa en busca de influencia internacional como parte de sus necesidades nacionales.
La relación bilateral tradicional no ha sido simple. Ambos países se han percibido al otro con desconfianzas y durante años, o décadas, escenificaron de hecho una sorda competencia para hacer sentir su peso en América Latina.
Pero todo eso, recelos políticos y comerciales, parece superado ante la necesidad común de resistir el embate geopolítico del gobierno de Donald Trump y la marejada de nuevos regímenes de derecha en la región.
Pero está por verse si la simpatía se mantendrá en caso, al parecer improbable, de que Lula da Silva pierda las elecciones de octubre y el sucesor sea el derechista Flavio Bolsonaro.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1