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Cuando uno voltea hacia la progresía latinoamericana se da cuenta de que lo suyo, lo suyo, es que el shopping en Beverly Hills
00:10 sábado 22 agosto, 2026
Colaboradores
La 4T ha descubierto una manera peculiar de entregarse a la causa de la revolución: hacerla con la visa norteamericana en el bolsillo. Cuando digo que la descubrieron, no me refiero a que tuvieron un rapto de inventiva, por Dios, sino a que se la aprendieron a lo más granado del bandidaje socialista latinoamericano, disculparán el pleonasmo.
A Chávez le confiscaron los vecinos una tremenda cantidad de propiedades y dineros, todos, sobra decirlo, mal habidos. Pero su caso es solo el más llamativo. De la cúpula bolivariana, a los juniors de las élites sandinistas, a algún castrista que lograba traspasar la frontera, cuando uno voltea hacia la progresía latinoamericana se da cuenta de que lo suyo, lo suyo, es que el shopping en Beverly Hills, que la Quinta Avenida, que, por el clima y el español, Miami.
Bueno, pues lo mismo para el sector chairo; para nuestros representantes locales del populismo de izquierda; para la muchachada obradorista. No, no es una estrategia de infiltración al opresor. No se trata de ir a movilizar a las masas para que, al estilo trotskista, se coman la manzana imperialista desde dentro.
Para nada. La cosa funciona más o menos así. Lunes, miércoles, jueves y —si estás en campaña— tal vez sábado, el ejercicio extenuante de ponerte bien el huipil, bien el vestido artesanal, bien la guayabera o la camisa bordada a mano por el México profundo, con unos jeans que se arrugan chamagosamente por la parte de abajo, y a las calles.
Ya saben: rueda de prensa 100% baño de pueblo, ida al taller del don que talla madera, agüita fresca y tlayuda como nos enseñó el Supremo Líder, y venga el video a las redes sociales. El viernes, para recuperar fuerzas, comida bien regada de trago en un restaurante chilango de alta gama, con los amigos y/o colegas.
El domingo, otro restaurante caro, pero en familia. Agotador, ya les digo. Por eso, en el puente, en Semana Santa, en verano o en las fiestas navideñas, hay que ir a recuperarse que a Disney con los peques, que a Las Vegas —a apostar una lanita, sí, pero también al show y al bufet—.
A agarrar power para volver a casa y luchar por los desposeídos. Si la revolución te hizo justicia, y particularmente si vives en los estados fronterizos, puedes incluso tener un par de cuentas de banco y una casita en San Diego o en Texas.
Se entiende, por lo tanto, que el otro día ni uno, repito: ni uno de los legisladores oficialistas haya aceptado el simpático e inteligente reto que les hizo Lilly Téllez: rompan su visa en solidaridad con Andy, mis socialistas.
Por eso, también, hay que celebrar cada revocación aplicada por la administración Trump, con Marco Rubio y Christopher Landau a la cabeza, sin experimentar culpas ni caer en chantajes soberanistas. No es contra el país, evidentemente. Es contra los que lo gobiernan
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09