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Para agravar el problema de los republicanos, algunos de los puntos débiles de Trump son los temas que los votantes consideran más importantes
00:10 viernes 8 mayo, 2026
Colaboradores
Si de repente pareciera que el presidente Donald Trump y su gobierno desean declarar victoria en el Golfo Pérsico y dejar atrás el conflicto con Irán, es porque las señales indican que deben alejarse urgentemente de lo que ha resultado una malhadada aventura que no ayuda a sus intereses futuros.
La necesidad se expresa con simpleza: las elecciones legislativas que este año tendrán lugar el martes tres de noviembre y los demócratas parecen tener tal ventaja en la opinión pública que cada vez hay más preguntas respecto a la victoria, sino sobre el tamaño del triunfo.
Cierto: los más cautos advierten correctamente sobre un exceso de optimismo y que seis meses, en política, son efectivamente mucho tiempo.
Sin embargo, los demócratas creen que hay lugar para el optimismo. En términos reales, de acuerdo con las encuestas de opinión pública, la guerra contra Irán y sus efectos en los precios estadounidenses, especialmente en la gasolina, hacen que la popularidad de Trump disminuya.
El lunes pasado, el precio promedio por galón de gasolina (3.7 litros) a nivel nacional fue de $4.45 dólares (unos 77 pesos), según la Asociación Estadounidense de Automovilistas (AAA). Los días previos al inicio de la guerra, el 28 de febrero, el precio promedio era algo menos de tres.
Para agravar el problema de los republicanos, algunos de los puntos débiles de Trump son ahora precisamente los temas que los votantes consideran más importantes: la economía y, en particular, el aumento de los precios.
Como ironía, Trump los invocó constantemente en la campaña electoral de 2024, con el entonces presidente Joe Biden como culpable principal. Pero ahora le toca el turno, y los efectos de la guerra no lo ayudan.
Las encuestas sobre la inflación son preocupantes para el Partido Republicano. Y esos números están ligados a la figura de Trump.
Tradicionalmente, las elecciones de medio término son consideradas como un termómetro del estado de ánimo del país, y en 18 de las últimas veinte –de ochenta años a la fecha–, resultó en derrotas para el partido en la Casa Blanca.
El cambio de manos puede ser masivo, con pérdidas de hasta 40 escaños para el partido derrotado, o de apenas unos cuantos lugares que apenas cubren el requisito para un cambio de manos.
En 2026, la ventaja de los republicanos en la Cámara Baja es mínima, al grado que se considera posible que el cambio en cinco escaños de los 435 que serán votados pondría la cámara en manos de los demócratas.
Por ahora, el consenso de los analistas políticos en Washington es que los demócratas son los favoritos para tomar el control de la Cámara de Representantes, y podrían también lograr la mayoría en el Senado, donde la mayoría republicana es de 53 a 47.
Hasta hace unos meses nadie esperaba que los demócratas tuvieran posibilidades de cambiar el Senado, pero ahora creen que tienen al menos una oportunidad, ante el descenso en la popularidad de Trump, la aprobación a su gobierno y por tanto, su capacidad para atraer votantes.
Pero faltan seis meses, y eso es mucho tiempo en política.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE