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Por décadas, el INE fue faro de distinción y orgullo de las instituciones públicas
00:02 miércoles 28 octubre, 2026
Colaboradores
Tras la salida de Guadalupe Taddei de la presidencia del INE quedará saber el tamaño de la destrucción que dejó el paso de la sonorense por el instituto. Y no será cualquier cosa. Tan sólo la relación con los proveedores es de una turbiedad pavorosa.
El INE no fue poca cosa en México. Por décadas su autonomía fue faro de distinción y orgullo de las instituciones públicas. Las elecciones en México pasaron de ser un atropello generalizado a ser una garantía de que los votos en este país contaban. Las elecciones que fueron durante mucho tiempo eventos que dividían a los mexicanos pasaron a ser un factor de consenso. Los resultados se respetaban. El INE garantizaba la limpieza de las elecciones y otorgaba legitimidad. Ahora, después del paso de los lópezobradoristas por el instituto, el INE da vergüenza y es motivo de escándalo.
En su afán destructivo, el proyecto de la 4T parece no dejar piedra sobre piedra. El INE representa ahora un foco de corrupción y opacidad que no tenían ya las elecciones en México. Al INE, al que se le dio autonomía para no tener que depender del gobierno y que los comicios no fueran controlados por el poder gubernamental, lo acabaron volviendo un departamento electoral de Morena. Y claro, al perder la autonomía llegaron los peores vicios del pasado. Por eso el espectáculo que vimos sobre la señora Taddei y sus familiares es un escándalo de corrupción, excesos y vulgaridad. Y no es que en el “pasado neoliberal” no hubiese escándalos de corrupción, por supuesto que los hubo. Pero hay que decir que varios de esos casos tuvieron culpables y todavía ahora algunos exgobernadores están en la cárcel.
En la Cuarta Transformación, por más que salen escándalos nadie paga, salvo que sea un opositor. El fraude más grande de las últimas décadas en Segalmex premió al exdirector con un puesto en la Secretaría de Gobernación. De ese tamaño el castigo. Desde hace tiempo se ha denunciado en medios de comunicación el descaro con que los familiares de la señora Taddei han ocupado diversas plazas en las esferas gubernamentales. Para muestra un botón: uno de sus hijos es secretario particular del gobernador de Sonora, Alfonso Durazo. A otro de sus hijos lo llevó de viaje a París un proveedor, y un video de esa visita ha sido el pivote de la renuncia de la mamá.
“Questasiendo destapando un champaña”, dice el proveedor mientras el joven, en efecto, abre un pomo de la bebida francesa y luego el empresario le dice: “París a tus pies, chamaquito”. Por supuesto que esas imágenes han provocado no solamente burla y mofa, sino indignación y coraje por los niveles de corrupción y abuso. La hasta ayer presidenta del INE entró de lleno en una espiral de condena mediática y política de las que no se sale con facilidad. Así como llevó a sus familiares a puestos de poder y entregó a proveedores la administración institucional mientras se involucraba personalmente con uno de ellos, también los acarreará en su escandalosa caída, porque hay un consenso sobre ella: no tiene posibilidad de defensa alguna.
El apellido Taddei quedará como una mancha en la historia del INE y como uno más de los escándalos de lujo y frivolidad de la Cuarta Transformación. Queda ver de qué tamaño es el daño que le hizo a la institución que, por desgracia, presidió durante algunos años. Seguramente el que filtró los videos está ahora “destapando un champaña”.
Por Juan Ignacio Zavala