Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
El problema es cumplir las promesas que hizo los últimos 20 días, las que animaron a millones de votantes que no participaron en la primera fase
00:02 miércoles 28 octubre, 2026
Colaboradores
En más de un sentido, la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva es una complicación, especialmente para él y sus seguidores.
El problema no es tanto el rechazo del derrotado candidato derechista Flavio Bolsonaro a aceptar los resultados de la votación del domingo, sino el formidable vuelco protagonizado por Lula da Silva, que de vencido en la primera vuelta del cuatro de octubre se levantó a ganar convincentemente en la segunda.
El problema es cumplir las promesas que hizo los últimos 20 días, las que animaron a millones de votantes que no participaron en la primera fase a pronunciarse por Lula.
De entrada, la economía, que parece en problemas con un incremento importante de las tasas de interés y el aumento de la deuda pública en los últimos cuatro años. Pero parte de su triunfo del domingo lo debe a una serie de medidas que la derecha brasileña califica como "dádivas": semana laboral de cinco días, transportación gratuita, incrementos salariales, resolver el costo de vida.
Lula prometió también enfrentar el problema de seguridad, una de las mayores fuentes de descontento de los brasileños, y se comprometió no solo a ser más fuerte, sino también a buscar la reducción de la edad de responsabilidad penal para delitos especialmente graves, una demanda de la derecha.
El mayor desafío de Lula es el Congreso, dominado en términos reales por partidos de centro- derecha y derecha, que ocupan ahora 303 de los 513 escaños en la Cámara de Diputados, frente a los 124 de la izquierda y los 86 del centro.
En el Senado, la derecha tiene casi dos tercios de los escaños. Esto no significa que todos esos legisladores sean necesariamente opositores, pero implica que Lula deberá forjar alianzas más allá de su propia base, tanto para impulsar sus propuestas como para defender las prioridades de su gobierno.
Y parte de su problema es que varios miembros directos de la familia del expresidente Jair Bolsonaro fueron electos al congreso: Michelle Bolsonaro (esposa del expresidente Jair Bolsonaro), electa como senadora nacional por el Distrito Federal; Carlos Bolsonaro (hijo): Electo senador por el estado de Santa Catarina; Jair Renan Bolsonaro (hijo) y Renato Bolsonaro (hermano) electos como diputados federales.
Para complicar más las cosas, la derecha consiguió las gubernaturas de trece estados mientras el Partido de los Trabajadores de Lula obtuvo cuatro y el Partido Social-Democrático, una alianza de grupos de izquierda, otras cinco. Los gobiernos estatales en Brasil tienen una fuerza mayor, y menos dependencia del poder central, que los equivalentes en otros países latinoamericanos.
Cierto que Lula da Silva tiene la experiencia y la capacidad política. Pero ya tiene 80 años y una parte de su problema será asegurar su legado, y eso comienza por preparar a uno o varios posibles herederos que, por cualquier razón, no ha hecho hasta ahora: lo más cercano es Fernando Haddad, ya de 63 años de edad, que fracasó en su candidatura presidencial de 2018 contra Jair Bolsonaro.