Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Debatir podría comprenderse como un “esgrima racional”. No es “simplemente” discutir
00:02 miércoles 28 octubre, 2026
Colaboradores
¿Cómo debatimos? ¿Cómo defendemos nuestra postura ante una inconformidad o una injusticia? La radiografía de las inconformidades sociales es compleja de revelar. Más enmarañada es esta tarea si observamos cómo el comportamiento humano (o robótico) de la discusión pública, tiende a la polarización. Ya no se argumenta. No se convence. Se incendia el foro público con el combustible de la agresión, intolerancia y la ectopia digital.
¿Cuáles son los valores intrínsecos en el “debate digital”? Pensábamos -o inocentemente pensé- que la etérea presencia digital de las redes sociales masificaría la racionalidad del debate global. Hoy vemos que la virtualidad es una distorsiva y agresiva disputa binaria. Para empezar a destilar qué valores deberían erigirse de las interacciones algorítmicas, quizás deberíamos primero replantearnos qué es lo que esperamos de un debate racional, productivo y democrático en el ciberespacio.
Debatir podría comprenderse como un “esgrima racional”. No es “simplemente” discutir. Es un ejercicio racional que nos hace empáticos y sensibles con nuestros oponentes. El debate tomado en serio es un antídoto -paradójicamente- contra la polarización y el extremismo ideológico.
Uno de los grandes exponentes del debate contemporáneo es el periodista Bo Seo (How Debate Teaches Us to Listen and Be Heard), quien considera que el debate competitivo, no es una gesta intelectual elitista, que solo está orientada a la humillación y exposición pública del adversario, sino es una “física subyacente de los desacuerdos cotidianos” más accesible que la lógica formal, y más ampliamente aplicable que las técnicas de negociación empresarial.
Quizás por eso para Bo Seo, entrenar para “el arte del debate” sea fundamental para cualquier democracia. Nuestra vocación republicana necesita cultivarse. A la par que forjamos empatía con las demandas y carencias públicas, la gobernanza, las imbricaciones sociales, y los vericuetos nacionales e internacionales, necesitamos entrenar y afianzar una sólida voz cívica para unirnos a la sinfonía democrática de nuestra Nación.
Bo Seo, nos dice, que una aproximación pedagógica al debate conduce a una “redefinición” de la refutación, es decir, no solo es destruir o humillar al oponente, es realmente convencer. El debatiente debe someter el argumento contrario a pruebas de veracidad y relevancia, más allá de su ideología o expectativas personales. Por ejemplo, en las competencias y debates escolarizados existe un ejercicio denominado “cambio de postura” (side switch) que obliga a los debatientes a defender posturas contrarias a sus convicciones personales o alternar bandos entre rondas. Esta clase de ejercicios son rituales necesarios para domesticar el sesgo y cultivar la empatía por medio de la racionalidad, el rigor lógico y la crítica razonada.
La enseñanza y fomento del “debate competitivo escolar” es, sin lugar a duda, un activo pedagógico necesario no sólo para salir del vórtice contaminante de la “inteligencia artificial” y las tecnologías emergentes, sino también para entrenar a nuestras juventudes a disentir, opinar, contribuir y debatir más allá de las viscerales emociones y polarizantes posiciones. Se debate para convencer. Se convence para unir. Se une para avanzar. Solo desde la unidad en la diversidad se puede forjar una verdadera Nación.
México es un país con una fuerte tradición en el debate y la oratoria. Inclusive en la actualidad existen importantes concursos de oratoria y debate en nuestro país, pero éstos se encuentran escindidos de todos los planes de estudio escolar. Los concursos de debates y oratoria deberían ser el eje transversal para la democratización de la narrativa escolar mexicana. Debería ser matrícula obligatoria y necesaria en nuestra pedagogía nacional.
Debemos dejar atrás esa confusión educativa entre la formación deliberativa con el cultivo de la elocuencia monóloga. Necesitamos enseñar a disentir. Replantearnos seriamente la integración del “debate” reglado desde la educación primaria y revitalizar la pedagogía de la lógica y la argumentación en el bachillerato, para generar condiciones de equidad democrática y narrativa cívica para las futuras generaciones.
En las instituciones de educación superior debería ser una condición mínima y fundamental para todas las carreras. La ciencia y las humanidades sólo podrán sobrevivir con una fuerte voz cívica, ante los embates de la polarización y la tecnificación.
Más educación cívica y narrativa del debate, servirían ahora como bálsamo para una democracia polarizada.
POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ
Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación